Capítulo 86
Con dedos temblorosos, Irene se acercó a la cerradura electrónica que ella misma había, elegido meses atrás. Extendió la mano y tecleó el código que tantas veces había usado, cada número tan familiar como su propio nombre.
-Contraseña incorrecta la voz electrónica femenina resonó como una sentencia, destruyendo el último rayo de esperanza que quedaba en su corazón.
La habían cambiado. Por supuesto que la habían cambiado.
Lisa, que hasta entonces observaba la escena con confusión, finalmente reaccionó.
-¿Qué haces metiendo contraseñas? ¡Toca el timbre! Te estás comportando como si esta fuera tu casa.
Lisa la empujó a un lado y presionó el timbre. La pesada puerta de madera maciza se abrió desde dentro, revelando a Inés, quien al reconocerlas, abrió completamente.
-Señorita Núñez -saludó Lisa con exagerada formalidad.
Las noticias en internet, sumadas a esta mansión valuada en millones… todo confirmaba los
rumores. Lisa no podía evitar mostrarse servil, después de todo, no importaba qué tan famosa fuera una en el mundo del diseño, seguía siendo solo una diseñadora. Inés, como subdirectora de Alquimia Visual, tenía un estatus completamente diferente. Y con Romeo a su lado, su ascenso a la alta sociedad estaba prácticamente garantizado.
Lisa le dio un codazo disimulado a Irene.
-Saluda a la señorita Núñez -susurró entre dientes.
Una simple puerta marcaba la división entre dos mundos. Ver a Inés parada dentro de la villa, vestida con ropa casual y moviéndose con total naturalidad, desató un torbellino de
emociones indefinibles en el pecho de Irene. La presión aumentaba, amenazando con ahogarla.
Inés esbozó una sonrisa calculadamente casual.
-Ya nos conocemos, no hace falta tanta formalidad -las invitó a pasar- Mi novio es muy quisquilloso con la limpieza, pónganse cubre zapatos.
Lisa se adelantó, admirando cada detalle mientras se ponía las protecciones.
-Señorita Núñez, ¡qué hermoso cuadro! ¿Son anillos de compromiso? ¿Es una edición limitada? Me parece tan familiar ese diseño…
El estómago de Irene dio un vuelco. Era su boceto, el que había hecho de sus anillos de compromiso. No una edición limitada de revista, sino un diseño único que ella había elegido de una marca muy especial. Lisa lo reconocía porque Irene aún llevaba el suyo, ese anillo que ahora parecía quemar su piel como hierro al rojo vivo. Lo ocultó dentro de su manga, consciente de que Romeo nunca había usado el suyo.
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Capítulo 86
La sonrisa de Inés se tornó afilada.
-No sé de dónde lo sacó mi novio -dijo con estudiada indiferencia-. No me gusta, pensaba
tirarlo.
-¡Pero debe valer una fortuna! -exclamó Lisa-. ¿Su novio está de acuerdo con eso?
Inés se encogió de hombros con desprecio calculado.
-Voy a vivir aquí, y lo que no me gusta, él lo quita. Si él no lo hace, lo haré yo misma. Jamás se opondría.
Cada palabra era una puñalada velada. Irene apretó la correa de su bolso hasta que sus nudillos se tornaron blancos, inclinándose para ajustarse los cubre zapatos y ocultar su rostro. Inés aprovechó ese momento para acercarse a Lisa.
–Mi novio está en casa —susurró-. Su posición es… delicada. Actúa como si no supieras nada de nuestra relación.
Lisa asintió con complicidad, llevándose un dedo a los labios.
Al incorporarse, Irene siguió a las otras mujeres al interior. Cada paso era una tortura. Los colores, la disposición de los muebles, cada detalle que ella había elegido con tanto amor ahora se burlaba de su presencia. Las lágrimas amenazaban con desbordarse.
Entonces lo vio.
Sentado en el sofá con despreocupada elegancia, las piernas cruzadas y una expresión de fingida sorpresa en el rostro, estaba Romeo.
Sus miradas se encontraron, y por un instante, el tiempo pareció detenerse.
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