Al Mal esposo 68

Al Mal esposo 68

Capítulo 68 

El aire acondicionado zumbaba suavemente en la oficina mientras Irene tamborileaba los dedos sobre su escritorio, buscando desesperadamente alguna tarea con qué ocuparse. Sus ojos recorrían la superficie vacía de su escritorio una y otra vez, como si esperara que mágicamente apareciera algo que hacer. Finalmente, incapaz de soportar más la inactividad, se levantó de su silla con determinación

La joven sentada frente a ella, Pilar Reyes, alzó la vista de su computadora. Sus ojos grandes y preocupados seguían cada movimiento de Irene

-¿A dónde vas? -susurró Pilar, inclinándose sobre su escritorio con aire conspirador

Irene se detuvo, ajustando nerviosamente el dobladillo de su blusa

-Voy a preguntarle a Lisa si tiene algún pendiente para

Pilar se enderezó de golpe, negando con la cabeza tan enérgicamente que algunos mechones de cabello escaparon de su chongo

-Ni se te ocurra. Lisa te trae entre ojos. Si vas, nomás te vas a meter en problemas

El tono de Pilar y la manera en que sus hombros se tensaron revelaban que hablaba por experiencia propia. Irene volvió a hundirse en su silla, derrotada

-¿Entonces qué hago? -murmuró, acercando su silla al escritorio de Pilar

Algo en la vulnerabilidad de Irene pareció tocar una fibra sensible en Pilar. Se inclinó aún más cerca, como si estuviera a punto de revelar secretos de estado

Las dos mujeres aproximaron sus sillas, creando un pequeño espacio de confidencias entre sus computadoras. Sus cabezas casi se tocaban mientras Pilar compartía en susurros años de experiencia sobreviviendo en la empresa

A varios metros de distancia, Lisa observaba la escena con una mueca de disgusto. Sus dedos se movieron rápidamente sobre la pantalla de su celular último modelo, capturando el momento. El flash brilló discretamente

-Miren nada más qué clase de gente me mandaron. Primer día y ya anda de chismosa -escribió, adjuntando la foto

Inés, recostada en su silla ejecutiva, amplió la imagen en su teléfono. Sus labios se curvaron en una sonrisa al reconocer a Irene. Conocía bien a Lisa desde aquella sesión de fotos en el orfanato, donde la fotógrafa había posado estratégicamente junto a los niños. Ambas mujeres, expertas en el arte de las apariencias, habían congeniado de inmediato

-¿No te cae bien? -respondió Inés después de una larga pausa

La respuesta de Lisa fue instantánea

-¿Tú qué crees? Pasé días entrevistando candidatos, y antes de poder elegir, me la impusieron. ¿Qué se puede esperar de alguien que entra por palanca

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Capítulo 68 

Inés tamborileó sus dedos sobre el escritorio

-Si tan poco te late, tengo una idea

-¿Qué traes en mente

-Mi novio me compró una casa y quiero remodelarla. Ponla a cargo del proyecto. Yo me encargo del resto

El mensaje flotó en la pantalla mientras Lisa consideraba la propuesta. Los asistentes de diseño tenían un periodo de prueba de tres meses, y cualquier queja seria de un cliente significaba despido inmediato. En casos graves, hasta podían quedar vetados de la industria

Lisa titubeó

-No Mejor la observo unos días. Si es tan incompetente como creo, encontraré una razón válida para correrla

-¿Qué tiene de malo mi idea? -insistió Inés-. Si tiene conectes, no te puedes dar el lujo de hacerla enojar. ¿No es mejor que yo, como clienta, me encargue

El recordatorio de que Irene había sido enviada por el mismísimo presidente Aranda hizo que Lisa reconsiderara su posición. Después de varios minutos, cedió ante el plan de Inés

Inés cerró la conversación y dirigió su atención a Romeo, quien permanecía absorto en una pila de documentos frente a ella. Sus nudillos estaban blancos de tanto apretar el bolígrafo

-Amor, ¿te molesta si remodelamos tu casa

Romeo hizo una pausa, sus hombros tensos bajo el traje impecable

-Has lo que quieras -respondió con voz átona, sin levantar la mirada

El ceño fruncido que había marcado su rostro durante días parecía haberse vuelto permanente, cavando surcos cada vez más profundos en su frente

-¿Qué pasa? Has estado de malas toda la semana -la voz de Inés se suavizó, abandonando el tono profesional que usaba en la oficina

Romeo llevaba días rumiando su frustración sin encontrar salida. Finalmente alzó la vista 

hacia ella

-Si algo de tu trabajo te molestara, ¿qué harías

-Te lo diría directo -respondió Inés sin titubear

Después de doce años de conocerlo, sabía que Romeo detestaba los rodeos. Ella había perfeccionado el arte de esconder sus verdaderas emociones tras una fachada de eficiencia y franqueza, exactamente lo que él valoraba

Pero su respuesta solo pareció ensombrecer más el humor de Romeo. En el fondo, sus pensamientos volvían una y otra vez a Irene. Para él, el matrimonio no era tan diferente del trabajo; no entendía por qué ella no podía simplemente decirle lo que pensaba, como Inés

15:26 

Capítulo 68 

Casi una semana sin noticias de su esposa. Se masajeó las sienes, a punto de decir algo cuando unos golpes en la puerta lo interrumpieron

― 

-Adelante su voz sono distante, como si viniera de muy lejos

Gabriel asomó la cabeza, sosteniendo un sobre manila

-Presidente Castro, le llegó un paquete

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Status: Ongoing
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