Capítulo 66
David bajó del coche y extrajo del maletero una pequeña caja de madera pulida. La luz de las farolas arrancaba destellos del barniz mientras se la extendía a Irene.
-Me contaron que las piedras de Monte Veredas tienen una energía especial que aleja la mala suerte una sonrisa suave iluminó su rostro mientras sostenía la caja-. Junté dos: una para ti y otra para Nati.
Irene observó la caja con curiosidad. Aunque nunca había sido supersticiosa, el gesto la conmovió profundamente. Sus dedos rozaron la superficie lisa de la madera mientras la
recibía.
-Muchas gracias, David…
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-Ya te dije que no hay necesidad de tanta formalidad entre nosotros.
La brisa nocturna jugaba con el cabello corto de David mientras permanecía de pie junto al auto. La luz neón de las farolas se reflejaba en sus ojos oscuros como obsidiana, creando un efecto casi hipnótico.
Irene reflexionó que, siendo Natalia una constante en su vida, era inevitable que su camino se cruzara más con David. Mantener tanta formalidad solo crearía una barrera innecesaria entre
ellos.
-Cuídate en el camino de regreso.
Dio un par de pasos hacia atrás, buscando a tientas los escalones en la penumbra, cuando su pie tropezó con un desnivel. Su cuerpo se inclinó hacia atrás en una caída que pareció
desarrollarse en cámara lenta.
-¡Cuidado!
David se movió con la agilidad de un felino, sus brazos rodeando la cintura de Irene mientras su mano se cerraba firme pero gentilmente alrededor de su muñeca.
El mundo giró vertiginosamente antes de que Irene se encontrara envuelta en el calor reconfortante de sus brazos. Desde niña siempre había sido especialmente sensible al dolor físico; su piel delicada se manchaba de rojo al menor golpe.
La compostura regresó a ella gradualmente, mientras el terror se desvanecía de sus ojos como niebla bajo el sol.
David la liberó de su abrazo perfectamente a tiempo.
-¿Estás bien?
Irene, todavía flotando en la oleada de alivio por haber evitado la caída, no registró lo íntimo que había sido ese momento compartido.
-Sí, todo bien una risa nerviosa escapó de sus labios. ¡Te debo una! ¡Me salvaste la vida,
David!
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Capítulo 66
La risa de David resonó cálida y genuina en la noche.
-¿Y cómo piensas pagarme el favor?
Su tono juguetón aligeró el ambiente, contagiando a Irene con un humor inusual en ella.
-¡Para lo que necesites, cuenta conmigo! ¡Hasta caminaría sobre brasas ardientes!
Era tarde y el complejo residencial descansaba en un silencio casi absoluto. Bajo la luz amarillenta de las farolas, solo quedaban ellos dos: una figura clara y otra oscura, sus siluetas dibujadas contra la noche como en una antigua fotografía.
Para cualquier observador casual, podrían haber parecido una pareja de enamorados resistiéndose a la despedida después de dejar a la chica en casa.
Entre las sombras de los arbustos, un lente captó el momento. El espía de Gabriel no perdió tiempo en enviar las fotografías.
Ajena por completo a estar siendo fotografiada, Irene entró al edificio escoltada por la atenta presencia de David.
De vuelta en su auto, David esperó hasta ver encenderse la luz en el apartamento de Irene antes de arrancar el motor. Al dar la vuelta, su mirada aguda captó una sombra sospechosa emergiendo de los arbustos.
La figura tomó un par de fotos más hacia el edificio antes de desaparecer en la noche.
En la oscuridad del auto, David entrecerró los ojos, estudiando cada movimiento del intruso. Solo cuando confirmó que el hombre se había marchado después de tomar las fotos, su expresión se relajó y se alejó conduciendo.
Al llegar a casa, Irene completó mecánicamente su rutina nocturna antes de hundirse en la cama. Su celular, recuperando señal tras bajar de la montaña, se había inundado de mensajes de Yolanda. Los ignoró todos.
La mañana siguiente la encontró despertando naturalmente, sin alarma. Sacó un par de rebanadas de pan del refrigerador y las mordisqueó distraídamente mientras revisaba los mensajes de WhatsApp. Como siempre, Yolanda seguía su patrón: primero regaños, luego insultos, y finalmente, un largo lamento sobre lo difícil que era su vida.
Cerró la conversación sin responder y marcó el número de Vicente para preguntar sobre el
avance del caso.
La voz de Vicente vibraba con emoción contenida.
-Dame una semana más. ¡Te prometo que conseguiré pruebas que nadie podrá refutar!
-¡Qué buena noticia! -Irene no pudo contener su entusiasmo-. Oye, ¿y crees que ya pueda ir a
verlo?
-La solicitud de visita sigue en trámite -Vicente hizo una pausa significativa-. Aunque… si le,
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Capítulo 66
pides ayuda al presidente Castro, seguro lo resuelve más rápido que esperando el proceso normal.
Vicente fue directo al grano, consciente de que la influencia de Romeo podría conseguir que Irene viera a Daniel de inmediato.
Gracias por compartir
Ya está bueno de que le pasen tantas cosas a Irene ojalá haga arrepentirse a Romeo