Capítulo 38
Entre la multitud que se arremolinaba en la entrada del hospital, Irene lo encontró al instante. Era como si sus ojos estuvieran programados para detectar su presencia, incluso en medio del caos. Romeo sostenía a Inés contra su pecho, mientras ella lucía un pequeño vendaje en la frente como si fuera una medalla de guerra.
Un grupo de reporteros los rodeaba, extendiendo sus micrófonos como lanzas hacia la pareja. Inés se aferraba al brazo de Romeo, su voz temblorosa perfectamente modulada para las
cámaras.
-Jamás pensé que me toparía con gente tan salvaje -sus ojos brillaban con lágrimas contenidas-. En cuanto supieron que iba a denunciarlos, se me fueron encima. Estaba aterrada, pero Romeo no se separó ni un momento de mí.
La mirada que le lanzaba a Romeo estaba cargada de adoración, sus ojos brillando como estrellas artificiales. Él respondió estrechándola con más fuerza, su mano trazando círculos reconfortantes en su espalda.
-Esto no se va a quedar así! -la voz de Romeo cortó el aire como una navaja – ¡Voy a llegar hasta las últimas consecuencias!
El aura gélida que emanaba de él hizo retroceder a varios reporteros. Habían llegado siguiendo is noticia de que habían acorralado a César Llorente, pero encontrarse con la historia de Inés, herida y protegida por su héroe corporativo, era un regalo caido del cielo para sus titulares.
Una enfermera ayudó a Irene a ponerse de pie. Sus piernas temblaban ligeramente mientras avanzaba hacia el edificio de consultas. Sus ojos, enmarcados en un contraste brutal de negro y blanco por el maquillaje comido permanecían tan imposibles como un lago congelado. Observatie is escena frente a ella, donde Romeo solo tenia ojos para inės.
-Sefonts, mejor nos vamos por otro lado -susurró la enfermera, notando que la entrada principal estaba bloqueada por los reporteros y curiosos.
trene be Deluvo a la altura de Romeo, sy murada atravesando la barrera de periodistas hasta clavarse en el Quizás fue lo tended de que so, a vzw sexto sentido que siempre los Tabip conectado pero homo guo la calca de quips, wow curente slectrica lo dubiere sacudido
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Capitulo 38
desaparecido, pero la imagen de sus ojos seguía grabada en su mente, provocándole una mueca de inquietud.
-Romeo, sí no nos apuramos, vamos a llegar tarde a la conferencia internacional -Inés se abrochó el cinturón, su voz teñida de falsa culpabilidad-. Todo esto es mi culpa, no debí hacer que vinieras.
Romeo apretó los labios hasta formar una línea pálida. Sus dedos tamborilearon en el volante antes de arrancar. Se repetía mentalmente que Irene no estaba en peligro real, que solo estaba desaliñada, Con el escándalo de Daniel en su punto más alto, ¿cómo se le ocurría exponerse así? Esta vez tendría que aprender por las malas.
Ni siquiera le había pedido ayuda, se dijo. Ni una lágrima, ni una súplica. No tenía por qué involucrarse.
Aceleró hacia la empresa, pero su mente seguía regresando a esos ojos. Tan claros, tan vacíos de emoción, como si los últimos años juntos se hubieran evaporado. La irritación burbujeaba en su pecho; él, que siempre había despreciado las lágrimas femeninas, ahora se encontraba perturbado por su ausencia,
-Romeo la voz de Inés lo arrancó de sus pensamientos-, el semáforo está en verde. ¿En qué tanto piensas?
Le dedicó una sonrisa ensayada y negó con la cabeza.
-En nada.
Apretó el acelerador, intentando convencerse de que el verdadero problema era que las mujeres solo sabian causar problemas. Necesitaba tener una conversación seria con Irene; si pensaba seguir comportándose así, más les valía separarse de una vez.
En la sala de tratamiento del hospital, Irene permanecía sentada, inmóvil como una estatua mientras el médico limpiaba su herida. El antiséptico ardía en el corte profundo, pero ella ni siquiera parpadeo. Su rostro podría haber sido tallado en mármol.
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