Capítulo 32
El prestigio del Bufete Legalis era indiscutible en el mundo legal. Irene lo sabía, y esa certeza solo hacía más amargo el sabor de la derrota. Sin las conexiones de Romeo, la familia Llorente jamás habría podido acceder a un despacho de semejante calibre.
Una vez más, se encontraba en desventaja. Romeo, desde la cima de su pirámide social, movía los hilos como un experto titiritero. La ironía no escapaba a Irene: él, que siempre había presumido de su generosidad con los menos afortunados, que hacía alarde de sus donaciones caritativas, ahora empujaba a su propia esposa hacia un abismo del que parecía imposible
escapar.
Lo peor era su actitud: la observaba hundirse con la misma indiferencia con que uno mira Ilover tras una ventana. Aunque, fiel a su estilo calculador, tampoco la dejaría completamente desamparada; eso mancharía su imagen.
El abogado que Enzo había recomendado resultó ser el licenciado García, uno de los más destacados del bufete. Un hombre de unos cincuenta años cuya reputación lo precedía.
Vicente García, otro de los abogados senior, frunció el ceño al revisar los documentos del caso. Su confusión era evidente.
-¿Qué pasó? ¿No habíamos quedado en que tú lo llevarías? -Se dirigió a Enzo mientras sostenía el poder notarial-. Ya firmé todos los papeles.
Enzo evitó su mirada, fingiendo revisar unos documentos.
-Mejor lo dejamos así. Me falta experiencia para un caso tan mediático. Tú eres mejor opción.
Después de examinar brevemente el poder, Enzo añadió:
-Háblalo con el cliente. Explícale que alguien más llevará el caso y ajusta los honorarios.
Vicente asintió con resignación.
-Como digas.
Irene sabía perfectamente que la “falta de experiencia” era solo una excusa barata. Enzo ya había aceptado el caso de Inés, ese era el verdadero motivo. Pero ¿qué opciones tenía ella?
Vicente se sumergió en el estudio del caso desde cero, analizando meticulosamente el video de la cámara de seguridad del auto que Irene había proporcionado. Dos horas después, cuando finalmente levantó la vista de los documentos, su expresión era grave.
Dejó escapar un suspiro pesado antes de hablar.
-Señorita Llorente, seré franco con usted. Los casos de fraude por accidente son más comunes de lo que piensa, pero ganarlos… -hizo una pausa significativa. En treinta años de carrera solo he ganado dos. Es mejor que se prepare mentalmente.
Sus ojos reflejaban una mezcla de compasión y determinación profesional.
Capítulo 32
-Si no logramos ganar, espero que lo entienda. Pero ahora que he tomado el caso, le aseguro que lo manejaré con toda la seriedad que merece.
Le extendió el poder notarial a Irene, quien lo tomó con manos temblorosas.
-Confío en usted, gracias.
Tras las firmas, Vicente comenzó a delinear la estrategia.
-Vamos a dividir el trabajo. Yo me encargaré de investigar a la víctima. Ustedes necesitan enfocarse en dos cosas: mantener distraída a la familia y negociar una compensación para calmar los ánimos. Es crucial disculparnos por los daños, pero también debemos evitar que la opinión pública se nos venga encima.
Vicente no necesitaba explicar el poder devastador de la opinión pública; su capacidad para influir en el criterio de un juez era bien conocida. Sin pruebas contundentes, el caso estaba prácticamente perdido desde el inicio.
El momento exacto del impacto quedaba fuera del alcance de la cámara del auto. Las cámaras de seguridad de la zona tampoco servían; el accidente había ocurrido justo en un punto ciego. No había evidencia directa del intento de fraude.
Las arrugas en la frente de Vicente se profundizaron, y con ellas, la ansiedad de Irene creció.
-Si tiene energía, también podría ayudar investigando a la víctima. Cualquier detalle relevante que encuentre, por pequeño que parezca, háganmelo saber de inmediato.
Vicente guardó los documentos y le entregó su tarjeta.
-Mantengámonos en contacto.
Irene se levantó y estrechó su mano con firmeza.
-Gracias, licenciado.
Al salir de la oficina, mientras esperaba el elevador, las voces de dos abogados jóvenes llegaron claramente hasta ella.
-No entiendo a estos millonarios. Mira que armar tanto escándalo por un perro.
-Lo que piensen ellos vale madre. Lo que importa es lo que diga Enzo. Si se corre la voz de que está llevando un caso así de ridículo, van a decir que ya anda tan desesperado que acepta cualquier cosa.
-¡Estás hablando del dueño de Alquimia Visual! ¿Quién se va a atrever a criticar a Romeo
Castro?
Las palabras se clavaron en el pecho de Irene como agujas, enredándose con sus propias dudas y miedos. La confusión en su corazón crecía con cada segundo que pasaba en ese edificio donde su esposo ejercía tanto poder, incluso estando ausente.
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