Al Mal esposo 29

Al Mal esposo 29

Capítulo 29 

La desesperación, la vergüenza y la furia se arremolinaban en el pecho de Irene como una tormenta incontrolable. Frente a ella, Romeo la observaba con esa sonrisa de superioridad que tanto odiaba, sus cejas arqueadas en un gesto de condescendencia que le revolvía el 

estómago

Un pensamiento peligroso cruzó por su mente: ¿Y si lo amenazaba? Pero la idea se desvaneció tan rápido como llegó. Podría funcionar en ese momento, , pero después¿qué tan brutal sería la venganza de Romeo

Sus labios temblaron mientras se los mordía, un gesto nervioso que no podía controlar

-Romeo, por favor, te lo ruego… 

El timbre estridente de su celular cortó sus palabras. La pantalla mostraba un número desconocido. En medio de esta crisis, optó por ignorar la llamada, silenciándola con un 

movimiento brusco

Con el corazón martilleando en su pecho, volvió a enfrentar la mirada gélida de Romeo

-Haré lo que quieras, pero ayuda a Daniel

Romeo soltó una risa seca que resonó como un látigo en la oficina

-¿Y qué podrías ofrecerme

Cada palabra destilaba desprecio. En el fondo, Romeo no necesitaba nada de ella; lo único que siempre había querido era tenerla sometida, dócil como antes. Ahora que mostraba sus espinas, que se atrevía a desafiarlo, no podía soportarlo. Le enfurecía verla actuar como si fuera la víctima, como si él fuera el villano de la historia

Irene sintió que las palabras se le atoraban en la garganta. ¿Qué tenía ella que pudiera importarle a Romeo? En dos años de matrimonio, más allá de compartir la cama, ese rostro de facciones perfectas jamás había mostrado verdadero interés en ella o en sus logros

Bajó la mirada, sus pestañas proyectando pequeñas sombras sobre sus mejillas. El silencio pesaba como plomo

Romeo se reclinó contra el escritorio con movimientos estudiadamente casuales. La estudiaba como quien evalúa una mercancía en exhibición, sus ojos recorriendo cada centímetro de su 

rostro

-¿Ya te diste cuenta de tu error

Su voz goteaba sarcasmo, cada palabra como una aguja destinada a desinflar su orgullo hasta reducirlo a nada. Era su manera de ofrecerle una salida: si ella se doblegaba, si admitía estar equivocada, todo volvería a la normalidad

El aura dominante de Romeo la envolvía como una jaula invisible, sin importarle que esa supuesta oportunidad estuviera construida sobre los escombros de la dignidad de Irene

Capitulo 29 

Sus miradas se encontraron: los ojos brillantes de ella contra los suyos, fríos como el acero. Irene no entendía exactamente qué error se suponía que debía admitir, pero si esa era la única esperanza para salvar a Daniel… 

-Yo… 

El timbre del teléfono de la oficina cortó el aire tenso como un cuchillo

Gabriel se giró con rapidez para atender

-¿Diga? Un momento, por favor

Se volvió hacia Irene, su cuerpo rígido delatando su nerviosismo

-Señora, es una llamada del despacho de abogados

-¿Qué? -Irene parpadeó confundida ante el teléfono extendido

La mirada de Romeo se estrechó peligrosamente, clavándose en el aparato. Gabriel, visiblemente incómodo, activó el altavoz

-Señorita Llorente, le habla el Bufete Legalis. Necesitamos que traiga cuanto antes la documentación relacionada con el caso de su hermano. El licenciado requiere estudiar los detalles a profundidad

-¡Por supuesto! -Irene reaccionó instintivamente, apartando la mano de Romeo de un 

manotazo

Los dedos de Romeo se crisparon sobre el escritorio hasta que sus nudillos se tornaron blancos. Su presencia intimidante pareció evaporarse por un instante mientras se masajeaba la muñeca, pero sus ojos, ahora oscurecidos por la furia, se clavaron en Gabriel

El silencio que siguió fue denso, casi palpable

Irene tragó saliva con dificultad, su mirada saltando nerviosamente entre ambos hombres

-Meme tengo que ir

No entendía bien qué estaba pasando, pero su instinto le gritaba que huyera. Apenas había dado dos pasos cuando la voz de Romeo la congeló en su lugar

-Alto

Un brazo la atrapó por la cintura con fuerza, obligándola a retroceder. Se giró hacia él con una mezcla de súplica y terror en la mirada

-¿Quién te autorizó a contactar un abogado para ella

La pregunta de Romeo, dirigida a Gabriel, cortó el aire como una navaja. Gabriel, pálido como un fantasma, mantuvo la cabeza gacha en silencio, la injusticia de la situación pesando sobre sus hombros

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Status: Ongoing
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