Capítulo 277
Irene observó a Romeo con una mezcla de incredulidad y frustración. Sus dedos se crisparon sobre la tela de su falda mientras intentaba comprender la situación.
-¿Todavía tienes dudas sobre el divorcio? -Sus palabras salieron teñidas de amargura. Le parecía absurdo que incluso en este momento, cuando ya tenían los papeles en mano, él siguiera jugando con ella.
Una sonrisa torcida se dibujó en el rostro de Romeo. Sus largos dedos, pálidos bajo la luz fluorescente de la oficina, voltearon con deliberada lentitud la hoja del acuerdo de divorcio. El bolígrafo se posó sobre el papel, y cada trazo de su firma enviaba pequeñas descargas de anticipación por el cuerpo de Irene.
El papel inmaculado iba recibiendo la tinta negra cuando dos gritos desesperados rompieron el silencio.
-¡Romeo!
-¡Hijo!
Romeo apenas había completado la mitad de su firma cuando las voces lo interrumpieron. Un leve tic en su mandíbula traicionó su irritación mientras giraba la cabeza. El agarre de Irene se intensificó en su brazo, clavándole las uñas a través de la tela del traje.
-¡Termina de firmar! -suplicó ella con urgencia.
El corazón le latía desbocado. Había reconocido las voces de Ismael y Milagros al instante, y sin importar el motivo de su presencia, solo podían significar problemas para su ansiado
divorcio.
Solo faltaban dos letras para terminar cuando una figura se abalanzó sobre ellos como un vendaval. En un parpadeo, el documento que Romeo sostenía desapareció de sus manos, arrebatado por Yolanda.
El crujido del papel al ser despedazado resonó como un disparo en los oídos de Irene. Romeo ni siquiera intentó detenerla. En su lugar, la observaba con una mirada penetrante y calculadora, como si hubiera estado esperando exactamente este desenlace.
“Es tan predecible“, pensó él, dividido entre la admiración por la astucia de Yolanda y el desdén hacia la ingenuidad de Irene. Cada uno de sus movimientos era como un libro abierto para él.
-¿Cómo puedes ser tan inconsciente, Irene? -La voz de Yolanda temblaba de indignación mientras sostenía los restos del acuerdo-. ¡Gracias a Dios llegamos a tiempo!
Los fragmentos del documento flotaban hacia el suelo como copos de nieve, llevándose consigo todas las esperanzas de Irene.
-¿Por qué no puedes dejar de meterte en mi vida? -La voz de Irene salió estrangulada por la rabia y la impotencia.
Capitulo
La empleada del registro civil los miró con desaprobación desde su escritorio.
-Por favor, resuelvan sus asuntos familiares en otro lugar. Están interfiriendo con el trabajo de la oficina.
Yolanda no esperó un segundo más. Agarró a Irene del brazo y comenzó a arrastrarla hacia la salida.
Romeo permaneció sentado, su rostro ensombrecido por una expresión indescifrable. A su alrededor, varios curiosos ya habían sacado sus celulares para capturar el momento. Sin duda, mañana serían la comidilla de los tabloides.
Pasó la lengua por el interior de su mejilla mientras consideraba cómo castigar a Irene por este nuevo desafío. Permitirle seguir siendo la señora Castro como si nada hubiera pasado le parecía una consecuencia demasiado benévola.
El golpe seco en su nuca lo sacó de sus cavilaciones.
-¿Te vas a quedar ahí sentado como un pasmarote? ¡Muévete! -La voz de Milagros resonó con autoridad maternal.·
Romeo sintió cómo su dignidad se hacía trizas. Era incapaz de articular palabra.
-Romeo, necesitamos hablar seriamente. -Ismael lo tomó del hombro, alejándolo estratégicamente de Milagros, quien parecía lista para propinarle otra reprimenda física.
Al ponerse de pie, Romeo era consciente de cómo su presencia imponente atraía aún más miradas y celulares. Afortunadamente, Gabriel no tardó en aparecer con un equipo de guardaespaldas, comenzando la meticulosa tarea de eliminar cualquier evidencia digital del incidente.
En un rincón apartado del estacionamiento, Yolanda se había posicionado como un muro entre Irene y los demás. Su sonrisa melosa dirigida hacia Milagros contrastaba con la dureza de sus palabras.
-Son jóvenes e impulsivos, nosotros como adultos debemos ser comprensivos. Aunque, la verdad sea dicha, todo esto es culpa de Irene. ¡La hemos malcriado demasiado!
Milagros mantenía una expresión severa, aunque su mirada se suavizó levemente al posarse
sobre Irene.
-Mi nieto tampoco es una perita en dulce.
La antipatía que sentía por Yolanda era evidente. Su siguiente comentario, aparentemente dirigido a Romeo, tenía la clara intención de darle una lección a Irene.
-¿Qué estás esperando? Ven acá y disculpate con Irene. Y que no se vuelva a mencionar la palabra divorcio, ¿me oíste bien?
Romeo entornó los ojos, su postura rígida como una estatua. Cada línea de su cuerpo exudaba
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Capitulo 277
arrogancia, su silencio más elocuente que cualquier palabra. No solo se negaba a disculparse, sino que su actitud gritaba que él no había hecho nada malo.
-Romeo -La voz de Ismael cortó el aire como un látigo-. Irene está esperando un hijo tuyo. No solo eres su esposo, vas a ser padre. Es momento de que te comportes como un verdadero hombre y asumas tu responsabilidad.
La decepción en los ojos de su padre era palpable.
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