Capítulo 269
Inés se quedó boquiabierta, sus ojos desorbitados por la sorpresa.
-¿Dejarla pasar? ¿Estás hablando en serio?
El silencio al otro lado de la línea se extendió por unos segundos.
-¿Hay algún problema con eso? -La voz de Romeo sonaba fría y distante.
-Pensé que estabas furioso por lo de la trampa en el concurso. Creí que querrías exponerla -Inés apretó las “pruebas” entre sus dedos temblorosos.
Había hecho esta llamada convencida de que Romeo querría usar la evidencia. El impacto sería devastador si él mismo la exponía, mucho más que si ella lo hacía.
Romeo tensó la mandíbula antes de responder.
-Es mi esposa. Solo necesito que se doblegue, no destruirla.
Aunque el mundo del diseño le era ajeno, Romeo conocía perfectamente las reglas del juego social. Un escándalo así, fuera verdad o no, sería suficiente para vetar a Irene
permanentemente del mundo del diseño. Y si después se revelaba su conexión con la familia Castro, la vergüenza los alcanzaría a todos.
En el fondo de su mente, Romeo se negaba a tomar en serio el período de enfriamiento que se avecinaba. La idea del divorcio le parecía absurda, imposible.
-Arregla todo. Te avisaré cuando -Sus dedos tamborilearon sobre el escritorio mientras consideraba su siguiente movimiento-. Necesito verla cuando la ayude.
Esta vez, quería ver si Irene mantendría su actitud desafiante. Estas pruebas constantes nacían del orgullo herido de Romeo, incapaz de aceptar que su dócil esposa se hubiera transformado en esta mujer rebelde que ya no podía controlar.
Irene nunca había sido partidaria de las confrontaciones verbales, especialmente cuando estaba en desventaja. Sin molestarse en prolongar la discusión con Inés, bajó las escaleras con paso firme. Guardó el sobre de Cecilia en su maleta sin siquiera considerar abrirlo.
Al recoger su celular en la recepción y encenderlo, la pantalla se inundó de notificaciones de llamadas perdidas y mensajes. Entre todos ellos, el último era de Natalia: ella y David la esperaban en el estacionamiento subterráneo.
Sin detenerse a revisar el resto, tomó su tableta y laptop, dirigiéndose directamente hacia allá.
El aire gélido del estacionamiento la golpeó al salir del elevador, liberándola del ambiente sofocante del hotel. Todo parecía más claro en el frío. Se acurrucó dentro de su chaqueta negra, la bufanda a cuadros envuelta protectoramente alrededor de su cuello. Su cola de caballo se había aflojado, mechones sueltos cayendo suavemente sobre sus hombros. La tenue iluminación creaba un halo difuso alrededor de su silueta.
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21.201
Capítulo 269
David, al volante de su SUV, apretó el volante con fuerza al ver la figura menuda y vulnerable de
Irene.
-Carnal, se ve muy decaída… ¿No crees que fue demasiado? -murmuró Natalia, la
preocupación evidente en su voz.
-Confía en ella -respondió David con voz grave-. No preguntes por los resultados, solo ayúdala a relajarse.
.Cuando el auto se detuvo frente a Irene, Natalia bajó con una sonrisa radiante, haciendo una
seña de “OK” con la mano.
-¡Tres días sin verte y ya te extrañaba horrores! ¡Ven acá!
Se abalanzó sobre Irene, envolviéndola en un abrazo cálido. El suéter de arcoíris de Natalia contrastaba alegremente con la sobria chaqueta negra de su amiga.
-¿Qué pasó? ¿No te gustó la comida del hotel? Ándale, vamos por algo rico.
El rostro pálido de Irene se iluminó con una sonrisa tenue. Devolvió el abrazo con un brazo, determinada a no contaminarlos con su pesadumbre.
-Va, jesta noche nos vamos hasta el amanecer!
-Ustedes tómense todo lo que quieran, yo me encargo del resto -intervino David. Bajo la luz artificial del estacionamiento, su camisa de satén blanca brillaba tenuemente, dándole un aire de elegancia natural. Con una sonrisa gentil, tomó el equipaje de Irene-. Súbete ya, está helando aquí abajo.
Natalia arrastró a Irene al asiento trasero, manteniéndola cerca y recargando su cabeza en su hombro. Con cada muestra de afecto, el corazón herido de Irene comenzaba a sentirse un poco más cálido.
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