Capítulo 268
La oficina de Cecilia estaba sumida en un silencio expectante. A través de los ventanales, la luz del atardecer bañaba la estancia en tonos dorados, creando sombras alargadas que se proyectaban sobre el escritorio de caoba. Irene podía sentir el peso de la mirada de la jueza sobre ella, evaluándola.
-Dime, ¿qué tanta seguridad tienes de obtener buenos resultados y llegar a la competencia ‘internacional?
El rostro de Irene se tensó imperceptiblemente. Sus dedos, entrelazados sobre su regazo, se apretaron con más fuerza mientras procesaba la pregunta. Un destello de duda cruzó por sus ojos antes de responder.
-Nunca me he planteado competir a nivel internacional. Mi meta es ganar el campeonato
nacional.
Sus hombros se hundieron ligeramente mientras bajaba la mirada hacia sus manos.
-Claro, comparada con los diseñadores reconocidos que están participando, hasta pensar en ganar el nacional suena ridículo.
El pensamiento pesaba en su mente como plomo. La competencia se extendería por varios meses, tiempo crucial para el tratamiento de Daniel. No había manera de que pudiera salir del país, incluso si ganara. El campeonato internacional tendría que esperar.
Cecilia se reclinó en su silla, estudiando a la joven frente a ella con genuina curiosidad.
-Si consideras ridículo aspirar al campeonato nacional, ¿por qué no te esfuerzas más?
-Porque precisamente al no tener grandes expectativas, me atrevo a intentarlo -respondió Irene con una honestidad que sorprendió a ambas-. A veces esforzarse no es mejor que
confiar en la suerte.
La jueza guardó silencio. El único sonido en la oficina era el suave deslizar de los cajones mientras extraía un sobre y varias fotografías. Las imágenes mostraban a Irene y Eduardo en el primer piso del edificio, en lo que parecía una conversación sospechosamente íntima. -Recibimos una denuncia anónima sobre posible manipulación en tu competencia -Los ojos de Cecilia se endurecieron-. Tu diseño me encanta, pero no voy a ser cómplice.
Con un movimiento deliberadamente lento, marcó una X sobre el diseño de Irene. El rasguido del bolígrafo resonó como una sentencia. De los cinco jueces necesarios, cuatro votos favorables aún podrían darle el pase a la siguiente ronda. Pero la esperanza era tan frágil como un cristal a punto de romperse.
El color abandonó el rostro de Irene. Aquel día, la llamada aparentemente casual de Eduardo, su insistencia en mantener una conversación trivial mientras ella solo podía pensar en la competencia… todo cobraba un nuevo y amargo significado.
-En el sobre hay un pequeño presente para ti -continuó Cecilia, extendiendo ambos objetos-.
21.29
Capítulo 268
Ábrelo después del campeonato nacional.
Con las manos temblorosas, Irene tomó las fotografías y el sobre.
-Gracias -murmuró, luchando por mantener la compostura.
-No te desanimes tanto, aún hay una posibilidad, ¿no? -El comentario de Cecilia sobre los otros cuatro jueces sonaba más a consuelo que a esperanza real.
La presencia de esas fotografías en manos de Cecilia era prueba suficiente de que alguien movía los hilos desde las sombras. Y era ingenuidad pensar que se limitarían a manipular a una sola jueza.
Al salir de la oficina, el encuentro con Inés y Eduardo fue inevitable. Eduardo desvió la mirada, incapaz de sostener el peso de su traición. Los ojos de Inés brillaban con un regocijo apenas contenido.
-Suerte, Llorente -ronroneó Inés, su sonrisa tan dulce como venenosa.
Con movimientos precisos, Irene guardó el sobre y luego, sin prisa, comenzó a rasgar las fotografías. Sus ojos, normalmente cálidos, ahora reflejaban un frío glacial. Los fragmentos flotaron como confeti negro sobre el rostro de Inés.
Un trozo cayó directo en la boca de Inés, provocando que escupiera con disgusto.
-Das asco, Inés.
Los pedazos de papel creaban una cortina entre ambas, revelando gradualmente la expresión gélida de Irene.
-¿De qué te sirve tener la última palabra? -Inés se limpió los labios con el dorso de la mano, su confianza intacta. Los arreglos con otro juez ya estaban hechos. La eliminación de Irene era inevitable.
Los resultados oficiales de las tres rondas aún no se anunciaban, pero el desenlace ya estaba escrito. La noticia voló rápidamente hasta los oídos de Romeo, cortesía de una llamada triunfante de Inés.
-David intentó respaldarla, pero fracasó. Cecilia resultó ser demasiado íntegra, le negó su voto a Irene.
La respuesta de Romeo la dejó helada.
-¿No hay otras opciones? Encuentra la manera de que pase.