Al Mal esposo 263

Al Mal esposo 263

Capítulo 263 

Por la rendija de una ventana al final del pasillo se colaba una corriente de aire helado, haciendo que el largo cabello negro de Irene danzara como algas en una marea invisible. El frío se sentía como pequeñas agujas contra su piel, recordándole que el invierno se acercaba implacable

Hundió las manos en los bolsillos de su abrigo de plumas, apretándolo contra su cuerpo mientras caminaba con la mirada clavada en el suelo de linóleo. El eco de sus pasos resonaba 

en el pasillo vacío

-No te preocupes tanto. Cuando por fin me divorcie de Romeo, papá tendrá que vender la casa. Con eso tendremos para el tratamiento de Dani

Yolanda se abalanzó sobre ella, aferrándose al abrigo con dedos temblorosos de rabia

-Si te divorcias, olvídate de poner un pie en casa de los Llorente otra vez. La empresa que construimos durante años, ¡destruida por tu padre! ¿Con qué cara vamos a ver a nuestros antepasados? ¡Todo esto es tu culpa

El tirón hizo que Irene trastabillara. El abrigo que había comprado hace dos años, el que antes le quedaba ajustado, ahora flotaba alrededor de su figura como si fuera prestado. Su reflejo en los cristales de las ventanas le confirmaba lo que ya sabía: había perdido tanto peso que los pantalones del año anterior se le resbalaban de la cadera

A Yolanda solo le ha importado papá, pensó con amargura. El patrimonio de los Llorente, Daniel, yonunca fuimos prioridad.” 

-Tú misma lo has dicho: hija casada es agua derramada. No debo esperar nada más que ayudar a la familia -la voz de Irene sonaba fría como el aire que se colaba por la ventana-. ¿Qué más me da si los Llorente tienen o no cara para ver a sus antepasados

El rostro de Yolanda se ensombreció. La estudió por unos segundos, como si viera a una extraña, y su ira pareció desinflarse de golpe

-Ya, mejor nos vamos a casa

Irene parpadeó, sorprendida. Había elegido esas palabras específicamente para hastiar a Yolanda, para empujarla a marcharse a la casa de los Llorente. Pero solo tendría que aguantar unos días más. Pronto estaría en el concurso cerrado y, con suerte, Yolanda se aburriría de la soledad y regresaría por su cuenta

Al día siguiente, la luz mortecina de la mañana iluminaba la oficina de Lucas cuando irene fue a solicitar el permiso en Estudio Pixel & Pulso

Lucas se reclinó en su silla, con una sonrisa comprensiva

-Claro que puedes tomarte esos días

-Tengo que atender unos asuntos personales -respondió Irene, evitando mencionar el 

concurso

21.30 

La expresión de Lucas se tornó más seria

-Irene, debo recordarte algo -su voz era suave pero firme. No somos como la central. Aquí tenemos una regla no escrita: si no consigues clientes en tu primer mes, el salario base se reduce a la mitad. Y si en tres meses sigues sin clientesbueno, se considera renuncia automática

Irene asintió. Llevaba días memorizando catálogos y aprendiendo a atender a los clientes frecuentes, pero cuando llegaban clientes nuevos, sus compañeros siempre se adelantaban sigilosamente. Ella, siendo novata y sin el don de la persuasión, no había logrado atraer

nadie aún

-Lo respondió, pensando en el nuevo conjunto habitacional que se entregaría en una semana, Planeaba repartir folletos allí, crear su propia oportunidad. Entre miles de hogares, seguramente encontraría algún cliente

-Si me llega algún cliente, te lo paso -ofreció Lucas con genuina amabilidad

-Gracias, Lucas

Los siguientes tres días se esfumaron como agua entre los dedos. La mañana del concurso, Irene se vistió con un abrigo blanco de plumas y jeans, calzándose unos zapatos planos cómodos. Arrastrando una pequeña maleta, podría pasar por una estudiante universitaria más. El guardia de seguridad la detuvo en la entrada del hotel, verificando meticulosamente su identidad antes de dejarla pasar

-Por favor, entregue su celular y cualquier tablet -instruyó con voz mecánica-. Si necesita hacer una llamada, puede solicitarlo al personal, pero debe ser en presencia de alguien

Por primera vez, Irene comprendió el verdadero significado de concurso cerrado

-¿Puedo hacer una llamada antes de entregarlo

El guardia la dirigió hacia un lado, donde otros participantes se despedían por teléfono. Eran todos jóvenes, sus voces cargadas de afecto y nostalgia mientras hablaban con sus parejas

Irene sintió un vacío en el pecho. No tenía a nadie de quien despedirse así. Solo le envió un mensaje escueto a Natalia: Estaré incomunicada tres días. No te preocupes.” 

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