Capítulo 252
Los cuatro diseñadores de la tienda -tres hombres y una mujer- la observaban con una mezcla de asombro y respeto mal disimulado. En especial Victoria Molina, cuya mirada revelaba que ella también había experimentado el acoso de Lucas.
Lucas se aclaró la garganta, adoptando un tono condescendiente.
-Irene, eres joven y apasionada, así que entiendo tu actitud -su voz destilaba falsa comprensión. El departamento de logística está ocupado, pero yo mismo te ayudaré a subir las muestras por las escaleras, ¿te parece bien?
La advertencia implícita en sus palabras le heló la sangre. No era difícil descifrar su estrategia: se ofrecía a hacer el trabajo de logística para silenciarla, pero sus verdaderas intenciones eran evidentes. Si en su oficina, bajo la luz fluorescente, se había atrevido a insinuarse de manera vulgar, ¿qué no intentaría en el pasillo oscuro de las escaleras?
Irene negó con la cabeza, su respuesta tan clara como cortante.
-Lucas, no me está ayudando a mí, sino al departamento de logística -hizo una pausa significativa. Yo no participaré en esto. Prefiero familiarizarme con los materiales y colores de la tienda.
Se giró hacia el área de muestras, pero la voz amenazante de Lucas la detuvo.
-¿Todavía piensas seguir trabajando aquí?
Irene sintió una punzada de duda. ¿Había algo mal con ella? En sus dos trabajos anteriores, las relaciones con sus colegas habían sido tensas. Apenas llegaba a esta tienda y ya enfrentaba problemas. ¿Debería ceder? ¿Permitir que Lucas se propasara con ella en las escaleras solo para mantener la paz?
“Si todos los ambientes laborales son así de hostiles hacia las mujeres, quizás no estoy hecha para trabajar“, pensó. Pero la idea de tragarse esa injusticia le revolvía el estómago.
-Las políticas de la empresa establecen que no se puede despedir a un empleado sin causa justificada si no ha cometido una falta grave.
Usar el reglamento como escudo contra quienes querían perjudicarla la convertía automáticamente en enemiga, pero era preferible a la alternativa.
Los ojos de Lucas brillaron con malicia.
-En esa computadora que acabas de usar había un archivo importante que ahora no está -su sonrisa se tornó predadora-. ¿Eliminar información confidencial de la tienda no cuenta como falta grave?
Irene miró hacia la computadora que apenas había encendido, sintiendo cómo se le secaba la boca. Los demás empleados fingían no escuchar, absortos en sus pantallas mientras Lucas tejía su trampa. Con cámaras en la tienda pero sin testigos dispuestos a respaldarla, su palabra contra la de Lucas no valdría nada.
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Capitulo 252
-Aunque… Lucas se acarició la barbilla con gesto teatral- no recuerdo bien si fuiste tú quien lo borró o si fue la persona anterior. Si prometes no causarme problemas y hacer lo que te digo, tal vez pueda recordarlo mejor.
Irene guardó silencio, sopesando sus opciones. “Quizás deba tragarme el orgullo“, pensó con
amargura.
-Lucas, nosotros…
La sonrisa triunfal de Lucas apenas comenzaba a formarse cuando un alboroto de pasos apresurados interrumpió desde el pasillo. El personal del centro comercial irrumpió en la
tienda.
-¡Lucas!
-¡Antonio Suárez!
Lucas cambió instantáneamente su actitud, su sonrisa ahora servil y
respetuosa-. Qué honor tenerlo aquí, ¿a qué debemos su visita?
-El centro comercial está en remodelación -Antonio le extendió un documento oficial-. A partir de hoy, queda estrictamente prohibido que las empleadas recojan mercancía en la puerta trasera. Da mala imagen al centro comercial.
El rostro de Lucas se ensombreció mientras miraba instintivamente hacia Irene. ¿Era una coincidencia? Y si no lo era, ¿cómo había surgido repentinamente una regla tan específica?
La imagen de Romeo apareció involuntariamente en la mente de Irene. ¿Había sido él? Una emoción indescriptible brotó desde su corazón, mezclando gratitud con algo más profundo que no se atrevía a nombrar.
De pronto, una figura esbelta apareció en la entrada de la tienda. Tanto Antonio como Lucas se apresuraron a recibirlo, sus sonrisas competían por mostrar más servilismo.