Capítulo 246
El sol de mediodía se filtraba por los ventanales mientras Irene subía al último piso después de entregar los documentos a Pilar. Sus pasos resonaban suavemente sobre el mármol pulido, marcando el ritmo de sus pensamientos inquietos.
David acababa de llegar; el frío del exterior aún se aferraba a su abrigo cuando lo colgó en el perchero. El aroma fresco de su colonia se mezclaba con el aire acondicionado de la oficina.
Irene cerró la puerta tras de sí, sus dedos demorándose un momento sobre el picaporte.
-Todavía no es hora de comer -su voz sonaba suave pero firme-. No deberíamos discutir mi diseño para la competencia durante horas de trabajo.
Una sonrisa apenas perceptible curvó los labios de David.
-En realidad, quiero hablar sobre tu solicitud de transferencia.
El departamento de recursos humanos había acudido a él antes de procesar el cambio. La noticia lo había hecho abandonar una junta importante para venir directamente.
-Necesito entender tus razones -sus ojos la estudiaban con intensidad.
Irene no esperaba que la noticia viajara tan rápido. Sus manos se entrelazaron nerviosamente frente a ella.
-Es porque fuiste tú quien intervino para que me aceptaran en Estudio Píxel & Pulso.
La sorpresa cruzó por el rostro de David como una sombra fugaz.
-Gracias por ayudarme…
-Detente ahí -la interrumpió David, su voz firme pero amable-. No te estoy ayudando, Irene. Te estoy haciendo justicia. Eras la mejor candidata entre todos los entrevistados. La empresa ya había decidido contratarte internamente. Lo único que hice fue lograr que respetaran su decisión original.
Justicia.
La palabra cayó como una piedra en el estanque de los recuerdos de Irene, enviando ondas de amargura a través de su corazón. Sus ojos se nublaron momentáneamente mientras los recuerdos se agolpaban en su mente: la preferencia constante de sus padres por Daniel, las promesas que se hizo a sí misma de ser una madre justa algún día, el desequilibrio cruel de su matrimonio con Romeo.
La justicia siempre había sido un espejismo en su vida, una promesa vacía que se desvanecía al intentar alcanzarla. Y ahora, paradójicamente, venía de la mano de David.
-Aprovecha cada oportunidad -continuó él, su voz suavizándose-. Así sabré que la justicia que te he devuelto no fue en vano.
David sabía que el camino de Irene estaría plagado de injusticias mientras Inés siguiera en
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escena. Bastó una conversación telefónica para confirmar que Inés no era alguien que se conformara con permanecer en las sombras.
Irene sintió un nudo en la garganta. Hay momentos en que las palabras son insuficientes para expresar la tormenta de emociones que se agita en el interior. David tenía razón, pero…
-Participaré en la competencia con todo mi esfuerzo -su voz era suave pero decidida-. Pero por favor, déjame tomar mis propias decisiones sobre mi trabajo.
La opinión que Lisa tenía sobre ella estaba tallada en piedra. Permanecer en su puesto actual solo traería más problemas para David. Lo que él veía como justicia, otros lo interpretaban como favoritismo descarado.
David la observó en silencio antes de asentir.
-De acuerdo.
Ambos sabían que ser asistente de diseño, trabajando bajo la supervisión constante de otro diseñador, limitaría su potencial. El verdadero reconocimiento vendría de las competencias nacionales, donde su talento podría brillar sin restricciones.
-Ya es hora de salir -David consultó su reloj- ¿Te gustaría comer en el restaurante de abajo?
Una pequeña sonrisa se dibujó en los labios de Irene. Pilar le había hablado maravillas de ese lugar. Además, estando a punto de dejar la sede central, ya no le preocupaba que la vieran con
David.
-Tranquila -bromeó él mientras tomaba su abrigo-, hoy te dejaré pagar la cuenta.
-Vamos.
Caminaron juntos hacia el ascensor, conscientes de las miradas curiosas que los seguían. Pero entre todas esas miradas, hubo una que Irene no pudo ignorar: Yolanda, de pie cerca de la entrada de Estudio Pixel & Pulso, la observaba con una expresión indescifrable.
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