Capítulo 237
Irene repasó mentalmente el calendario: veintidós días. Solo veintidós días más para que terminara el período de reflexión de un mes.
“Después de eso, Romeo ya no necesitará traer a Inés a escondidas“, pensó con amargura. “Podrá casarse con ella y vendrá cuando le plazca:”
Ver las noticias de su relación era una cosa, pero encontrarlos así, en persona… el impacto era completamente diferente. Respiró profundamente, obligándose a mantener la compostura mientras avanzaba por el sendero de ladrillos verdes hacia la villa.
-Llorente -La voz de Inés cortó el aire como una navaja mientras soltaba el brazo de Romeo-. Llegaste justo a tiempo, ya casi es hora de comer.
Su tono era el de una anfitriona segura de su territorio. Irene se detuvo y giró para mirarlos a ambos. Romeo permanecía medio paso detrás de Inés, con una actitud serena y confiada que prácticamente le otorgaba a ella el título de señora de la casa.
-¿Entonces la señorita Núñez se quedará a comer? -preguntó Irene, su mirada clara apenas
rozando a Romeo.
Inés fingió vergüenza, como si Irene hubiera cometido una terrible indiscreción. Sus ojos buscaron instintivamente a Romeo.
-Por supuesto -Romeo avanzó con pasos firmes hasta detenerse junto a Irene-. Período de reflexión… ¿Te parece apropiado entrar y salir de la casa de tu casi exmarido cuando se te antoje?
Le devolvió sus propias palabras como un látigo.
Irene bajó la mirada. En un movimiento repentino, sacó el medicamento para la presión de su bolso y lo estrelló contra el pecho de Romeo con una fuerza que lo hizo soltar un gemido ahogado mientras atrapaba el frasco por reflejo.
-Ya que eres mi casi exmarido -Sus palabras goteaban hielo-, por favor informa a tu familia de la verdad lo antes posible, para que en el futuro traten cualquier asunto directamente contigo.
Los ojos oscuros de Irene brillaban con una intensidad que, por un instante, desestabilizó el corazón de Romeo. “¿No está celosa?“, pensó, frunciendo el ceño. Sus labios se entreabrieron, a punto de decir algo…
-¡lrene, qué gusto que viniste! -La voz de Milagros interrumpió el momento mientras salía de la villa. Su mirada, llena de cariño genuino, se posó exclusivamente en Irene.
La presión alta de los últimos días había dejado su rostro anormalmente enrojecido. Al ver su estado, los planes de Irene de dar media vuelta y marcharse se evaporaron. No era ninguna santa; no podía fingir alegría al ver a Romeo traer a otra mujer a casa. Pero tampoco tenia el corazón de piedra. Milagros siempre había sido buena con ella, y no iba a arriesgar su salud
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Capítulo 237
solo por exponer el asunto del divorcio en ese momento.
-Abuela, aquí está su medicina para la presión -Arrebató el frasco de las manos de Romeo con un movimiento brusco. Sus uñas rasparon el dorso de su mano, dejando una marca roja que se fue haciendo visible gradualmente.
Milagros tomó el medicamento y aprovechó para examinar la mano de Irene con preocupación. -¿Cómo tan descuidada, te lastimaste? Pásale a la casa, que María Jesús te ponga un poco de alcohol para desinfectar.
-No es nada -Irene sonrió suavemente mientras seguía a Milagros al interior.
Romeo observó su figura alejándose, sus labios curvándose en una media sonrisa. No solo era terca, también sabía pensar rápido. Había aprovechado perfectamente la oportunidad para quedarse.
-Ay, Romeo, te cortaste la mano -Inés se acercó, señalando la herida donde brotaban pequeñas gotas de sangre-. Vamos adentro para ponerte medicina.
-Está bien respondió él distraídamente, su mirada sombría siguiendo inconscientemente
cada movimiento de Irene.
Cuando Milagros mencionó el alcohol, Irene pensó que bromeaba. Para su sorpresa, María Jesús apareció realmente con el desinfectante y, con toda seriedad, empapó un algodón para limpiar meticulosamente su uña. Como si Romeo tuviera algún tipo de bacteria que pudiera trepar por sus uñas hasta infectarla.
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