Capítulo 233
-Al menos siguen casados, todavía están en el periodo de reflexión -murmuró Natalia.
La sangre le hervía de coraje. Si estuviera en el lugar de Irene, no dudaría ni un segundo en exponer públicamente la infidelidad de Romeo. Pero ella no era Irene, no podía comprender verdaderamente la complejidad de su situación. La precaria condición de la familia Llorente, el asunto pendiente de Daniel… cualquiera de estos factores bastaba para que Irene tuviera que tragarse su orgullo y actuar con cautela.
Irene se pasó una mano por el cabello, esbozando una sonrisa que no llegó a sus ojos.
-En realidad está bien así. Me ha servido para ver las cosas con más claridad.
A pesar de la serenidad en su voz, el dolor en sus ojos claros era imposible de ocultar.
David observó en silencio el perfil de Irene por unos momentos. Luego señaló con un gesto el cóctel que descansaba en la esquina de la mesa.
-Si te sientes mal, deberías probar un poco. Es suave, perfecto para relajarse.
Irene negó suavemente con la cabeza.
-No hace falta.
Rara vez bebía. Sabía que el alcohol solo ofrecía un escape temporal; una vez que se disipara el efecto, los problemas seguirían ahí, intactos, junto con toda la tristeza.
-No es solo para ahogar penas -intervino Natalia mientras destapaba una botella de cóctel—. También puede ayudarte a encontrar inspiración para tus diseños.
Llenó un vaso y se lo extendió a Irene con una sonrisa cómplice.
-¿Qué gran artista no ha encontrado su musa en el fondo de una copa? ¡Con un trago la creatividad fluye sola!
Irene contempló el vaso, pensando en su proyecto para la repesca. La verdad era que aún no tenía ninguna idea clara. El líquido naranja brillaba bajo la luz, pequeñas burbujas ascendiendo constantemente a la superficie. Esta vez aceptó el vaso y dio un sorbo tentativo. Sabía a durazno.
-Te acompaño -dijo Natalia, sirviéndose también y alzando su vaso para brindar.
Cuando estaban terminando de cenar, David sugirió trasladarse a la sala para seguir bebiendo mientras él se encargaba de limpiar la cocina.
Irene le extendió su vaso a Natalia.
-Llévalo tú, los alcanzo después de ayudar a limpiar.
Se giró hacia David y trató de tomar algunos platos de sus manos.
-¿No quieres un trago?
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-No puedo, tengo que manejar después.
David apartó los platos de su alcance.
-Tú ve a limpiar lo demás.
-Mejor vete con Nati a la sala. Yo me encargo, será rápido.
Sin darle tiempo a protestar, Irene tomó ágilmente los platos y los llevó a la cocina. Sel arremangó la blusa y abrió el grifo, comenzando a lavar con movimientos precisos.
David estaba por decir algo más cuando su celular vibró en el bolsillo. Era su asistente. Le dedicó una sonrisa a Irene antes de dirigirse al balcón para atender la llamada.
El viento helado del invierno se colaba por las rendijas, haciendo que la temperatura en el balcón fuera varios grados más baja que dentro. Su camisa ligera ofrecía poca protección contra el frío.
Después de dar algunas instrucciones de trabajo, colgó y se disponía a volver cuando detectó una figura en las sombras. Era Yolanda, de pie en un rincón junto a la puerta que daba a la
habitación secundaria.
-Tía -saludó David con una leve sonrisa mientras guardaba el celular, intentando regresar a la
sala.
-David, ¿podrías darle un momento a tu tía? -La voz de Yolanda sonaba contenida. No se atrevía a avanzar más; la pared a su derecha ocultaba su presencia de la vista de Irene.
Le hizo un gesto discreto a David, quien se detuvo.
-Por supuesto, dígame.
-Nuestra Irene está casada, como bien sabes. Y con Romeo, nada menos. Un Castro, una familia aún más importante que los Aranda -El tono de Yolanda destilaba una advertencia apenas velada.
La expresión serena de David se tensó ligeramente.
-Tía, ¿podría ser más directa?
-Es por tu propio bien -Yolanda abandonó todo pretexto-. Mira cómo te comportas con Irene, esa cercanía… Si esto llega a molestar a Romeo, ¿no crees que los Aranda también se verían afectados? Ya estás en edad de….
-Tía–La voz de David, aunque suave, no vaciló-. Irene y yo…
–“Irene” es como nosotros podemos llamarla. ¿No te parece inapropiado que tú la llames así? -lo interrumpió Yolanda con brusquedad.
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