Capítulo 232
Los organizadores habían anunciado que las últimas dos rondas del concurso se llevarían a cabo bajo estrictas medidas de seguridad. Todos los involucrados -competidores, personal y jueces- permanecerían hospedados en el mismo hotel, sin posibilidad de contacto con el
exterior.
El rostro de Romeo permaneció impasible al enterarse de que Inés, como parte del jurado, también estaría presente. Después de un momento de reflexión calculada, sus dedos
tamborilearon sobre el escritorio de caoba.
-Envíale a Gabriel el itinerario completo de las competencias finales.
Inés parpadeó varias veces, desconcertada por su reacción.
-¿Tú… estás seguro?
Una sonrisa apenas perceptible se dibujó en las comisuras de los labios de Romeo. Era la oportunidad perfecta para demostrarle a Irene que sus acciones no le afectaban en lo más mínimo. La indiferencia sería su mejor venganza.
Inés se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja, aprovechando el momento para
estudiar las reacciones de Romeo.
-El concurso tiene sus complejidades. ¿Qué te parece si comemos algo y te explico los
detalles del evento?
No era coincidencia que hubiera elegido la hora de la comida para su visita. Romeo lo sabía, pero decidió seguir el juego.
El elevador descendió en silencio hasta la planta baja del hospital. Inés mantuvo la mirada fija en los números descendentes, evitando mencionar el verdadero motivo de su visita a Design Space.
Romeo se llevó una mano al bolsillo mientras salían.
-¿No habías venido a ver a Esteban?
El comentario la tomó desprevenida. Si mal no recordaba, ni siquiera había pasado a saludarlo. -El doctor mencionó que acaba de salir de cirugía y necesita reposo absoluto. Vendré mañana
a visitarlo.
La excusa sonó hueca incluso para ella misma.
El crepúsculo comenzaba a tenir el cielo sobre Puerto del Oeste, mientras las primeras luces de la ciudad parpadeaban a su alrededor. Romeo se detuvo en la entrada del hospital y encendió un cigarrillo con movimientos pausados. El humo ascendente suavizó por un momento los ángulos afilados de su rostro.
Observó de reojo a Inés, recordando las veces que Irene había mencionado su nombre. Una
1/3
00:30
Capítulo 232
idea cruzó por su mente: ¿quién perdería la compostura primero?
-Vámonos indicó, dirigiéndose al estacionamiento con paso firme.
Inés tardó un momento en procesar las implicaciones, antes de apresurarse tras él.
El restaurante con estrella Michelin en el corazón de Puerto del Oeste rebosaba de parejas elegantes esa noche. El establecimiento era el epítome del lujo en la ciudad, un punto de encuentro exclusivo para la élite social.
Un grupo de fotógrafos aguardaba en la entrada, cazando celebridades. Para ellos, Romeo representaba una presa codiciada, aunque su influencia era tal que normalmente dudarían en publicar sus fotografías sin autorización.
Justo cuando se lamentaban de no poder difundir el material, sus teléfonos vibraron con un mensaje de Gabriel.
-Den cobertura moderada al evento. Un poco de atención mediática será suficiente.
Eran las palabras exactas de Romeo, transmitidas a través de su asistente.
Los periodistas corrieron a sus redacciones para preparar la noticia. Las fotografías no dejaban lugar a dudas: Romeo e Inés compartiendo sonrisas y miradas cómplices en un ambiente
íntimo.
A pesar de la petición de “moderación” de Romeo, su estatus garantizaba que cualquier noticia sobre él se volvería viral. En cuestión de minutos, las imágenes inundaron las redes sociales,
disparándose a las tendencias principales.
En la tranquilidad de Colinas Verdes, la cena transcurría en un ambiente tenso. Yolanda entraba y salía del comedor con frecuencia, impidiendo que los demás pudieran conversar con
libertad.
Cuando estaban por terminar, Natalia deslizó su teléfono hacia Irene, mostrándole las fotografías recién publicadas.
-No puedo creer el descaro de ese imbécil. Todavía tiene el cinismo de exhibirse con Inés en público.
Irene contempló las imágenes en silencio. Romeo lucía el mismo traje que llevaba esa mañana: camisa blanca impecable y pantalones negros a la medida. Las mangas arremangadas dejaban entrever su reloj de diseñador bajo las luces del restaurante. Su porte aristocrático y facciones definidas emanaban una elegancia natural que le revolvió el estómago.
Toda la tarde había estado inquieta, temiendo y a la vez esperando que Romeo apareciera en su puerta. Ahora, esa preocupación le parecía patéticamente ingenua. Quizás el encuentro de esa mañana no había sido más que un antojo pasajero, un capricho carnal sin importancia. Después de todo, ¿por qué desperdiciar la oportunidad cuando aún estaban casados?
12
00:30
Capítulo 232
Una sonrisa amarga curvó sus labios.
-No tiene importancia -murmuró, aunque cada palabra le quemaba la garganta.
Esa misma mañana, Romeo había movido cielo y tierra para silenciar los rumores sobre ellos. Sin embargo, parecía perfectamente cómodo dejando que las especulaciones sobre él e Inés corrieran libremente. La conclusión era dolorosamente clara: le preocupaba más proteger su imagen que los sentimientos de su esposa.
“Qué predecible“, pensó Irene, mientras sentía cómo algo dentro de ella se endurecía un poco
más.
00:30