Capítulo 228
Yolanda recorrió con la mirada la camisa negra que Irene llevaba puesta, sus ojos entrecerrados con malicia.
-Traes su ropa puesta. No me digas que no tuvieron un encuentro íntimo.
Irene se quedó muda por un momento, sintiendo cómo la sangre le subía al rostro.
-Ya que llegaron a ese punto, ¿por qué no reconsideras lo del divorcio?
-¡No hay nada que reconsiderar! -Irene explotó, perdiendo la paciencia-. Mamá, ¿qué parte nc entiendes? Soy yo la que quiere el divorcio. Yo. No estoy de acuerdo en seguir con este matrimonio, ¿te queda claro?
El sonido de la bofetada resonó en el pasillo.
-¡Ya me rebajé lo suficiente defendiéndote con Romeo! Por suerte él todavía está interesado en ti, ¿y me sales con que no estás de acuerdo? ¡Por Dios, Irene, te volviste loca!
Irene se llevó la mano a la mejilla ardiente, sintiendo cómo se le helaba la sangre en las venas. Ahora entendía todo. Por eso Romeo decía que era un amor mutuo, que ella solo estaba actuando. Ni siquiera podía imaginar las cosas que Yolanda le había dicho para “arreglarlo“. Palabras que solo habían servido para que Romeo la despreciara más, para hundirla más en la
humillación.
—¿Ya estás contenta? ¿Te hice quedar mal con papá otra vez? ¿Te regañó por mi culpa? ¿Esta bofetada te hace sentir mejor? Si no es suficiente, ¡dale, sigue pegando!
Su voz salió más fría que el hielo, tanto que Yolanda retrocedió, perdiendo su ímpetu inicial.
-¿Crees que me gusta pegarte? Si fueras cualquier otra persona, ni me molestaría. Todo esto es por tu propio bien…
-Gracias, ¿algo más? Si no, te pido que te vayas. Necesito descansar.
Irene sujetó la manija de la puerta, pero justo cuando iba a cerrarla, Yolanda la detuvo.
-¡Espera! ¡Déjame entrar! Tu papá se enojó conmigo cuando te vio regresar. No me dejó volver a casa, ¡todos se fueron!
Irene ya no podía creer ni una palabra.
-Pues ve y háblale bonito, ruégale un poco. Con eso debería bastar, ¿no?
Yolanda se quedó paralizada al escuchar esas palabras tan familiares. Antes de que pudiera recordar dónde las había escuchado antes, Irene cerró la puerta.
-Irene, ¿cómo puedes ser tan cruel? ¿Vas a dejar a tu madre en la calle…?
Aunque la puerta bloqueaba su vista, la voz de Yolanda seguía filtrándose. Irene continuó limpiando en silencio, su mente un torbellino de pensamientos y emociones.
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Capítulo 228
De repente, el escándalo cesó. La administración del edificio había llegado para pedirle a Yolanda que se retirara; aparentemente, el vecino de enfrente se había quejado del alboroto.
Después de terminar de limpiar, sonó el celular de Irene. Era Natalia, avisando que iría a su casa esa noche para comer barbacoa.
-Llegaste en el momento perfecto. Justo esta noche estoy libre.
Cuando salió del hospital, le había mandado mensaje a Esteban preguntando si continuarían. con el tratamiento de Daniel esa noche. Él acababa de responder que un ciclo había terminado y descansarían dos días antes del siguiente. Por lo menos tendría ese pequeño respiro.
Natalia, al escuchar que estaba en casa, no perdió tiempo en llegar.
-Me doy cuenta de que casarte con Romeo no afectó tanto nuestra amistad, pero desde que empezaste a trabajar, casi no nos vemos.
Antes, Natalia la llamaba a cada rato para ir de compras o comer juntas. Siempre y cuando no interfiriera con su “sagrada” hora de preparar la cena para Romeo.
Ahora, con Irene trabajando todos los días, apenas se veían. Y por las noches, Natalia evitaba molestarla para que descansara.
-Olvídate por un momento del trabajo y los problemas -Irene abrió el refrigerador vacío-. No tengo nada para cocinar. ¿Qué tal si vamos por las compras y de paso me regañas?
Natalia puso los ojos en blanco.
-Mi hermano viene en un rato, él se encarga de todo…
En ese momento sonó el timbre.
-¡Ya llegó! ¡Yo abro! -Natalia corrió hacia la puerta y la abrió de golpe-. G… ¿qué haces tú aquí?
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