Capítulo 227
A pesar de su preocupación inicial por la salud de Esteban, ver cómo se aferraba a Romeo entre lágrimas le confirmó a Irene que no estaba tan mal como parecía. Un pensamiento cruzó su mente como un relámpago: era el momento perfecto para escapar, antes de que Romeo pudiera arrastrarla de vuelta a casa y a esa cama que se había convertido en su prisión.
Sin pensarlo dos veces, se escabulló del hospital y paró un taxi rumbo a Colinas Verdes. Durante el trayecto, sus dedos se movieron con determinación sobre la pantalla del celular, bloqueando tanto el WhatsApp como el número de Romeo en todas sus redes. Una idea se instaló en su mente: necesitaba conseguir un spray de pimienta. Ya no podía seguir tolerando el acoso de Romeo.
“Si no hubiera sido por Esteban…” Un escalofrío recorrió su espalda al imaginar lo que podría haber pasado. No, no podía permitirse caer de nuevo en esa situación que solo empeoraría la ya deteriorada imagen que tenía de Romeo.
A la una y media, el taxi se detuvo frente al complejo residencial. Irene descendió del vehículo y cerró la puerta con firmeza. Se ajustó su chamarra de plumas contra el frío mientras se dirigía hacia la entrada. No había dado más que un par de pasos cuando divisó a César y Yolanda saliendo del complejo.
Yolanda trotaba detrás de César con una bolsa en la mano, reportando sus logros con un
entusiasmo casi infantil.
-Mi amor, ¿qué te parece? ¡Logré que Irene regresara! Todo gracias a mí.
-Podrá ser necia esa muchacha, pero al menos a su madre sí la escucha. Para la próxima que tengas problemas con ella, déjamelo a mí. No quiero que te alteres y te hagas daño…
Yolanda buscaba desesperadamente su aprobación, pero César ni siquiera la miraba. De hecho, parecía irritado.
-Ya vámonos, se hace tarde.
La sonrisa forzada de Yolanda se congeló en su rostro mientras guardaba silencio. Habían avanzado solo unos pasos cuando notaron a Irene parada en la entrada.
César entrecerró los ojos al verla, su ceño tan fruncido que parecía tallado en piedra.
-¿Cómo que ya estás de regreso?
-Seguramente vino por sus cosas, ¿verdad? -Yolanda rodeó a César y se acercó a Irene-. ¿Y Romeo? ¿No vino contigo?
Irene se preguntó si el supuesto destierro de Yolanda de la casa había sido real o solo otra de sus actuaciones. Aunque a estas alturas, ¿qué más daba?
-Esta es mi casa, ¿a dónde más iría? -Irene se hizo a un lado-. ¿Ya se van? Adelante, no los detengo.
16:35
Capítulo 227
El rostro de Yolanda se transformó instantáneamente. Sujetó el brazo de Irene.
-¿Qué pasó? ¿No te habías ido con Romeo?
La mirada de César sobre Irene era como un cuchillo afilado.
Irene se llevó la mano a la nariz; a pesar de que el termómetro marcaba diez bajo cero, el frío exterior no le afectaba. Sin embargo, los tonos y expresiones de sus padres le helaron el
corazón.
-Ya les dije, fue solo un accidente. Regresé por un rato y ahora estoy de vuelta. Estoy cansada, me voy a la casa.
Se ajustó la chamarra y comenzó a caminar hacia el interior del complejo..
-¡Alto ahí! Tú, malagradecida…
César hizo ademán de seguirla, pero Yolanda lo detuvo.
-Mi amor, no te enojes. Yo voy a ver qué sucedió.
-¿Qué más hay que ver? Con ese carácter de mula que tiene, mejor se hubiera casado con un ruco para sacarle provecho, pero no, tenía que ponerse al tú por tú con los Castro. ¿Quién se
cree que es?
El desprecio de César hacia Irene había alcanzado nuevos niveles desde que se enteró que ella había iniciado los trámites de divorcio. ¡Qué ciega por la ambición, sin saber cuál era su lugar!
-Mi amor, ya no te enojes, vamos al coche…
Sus voces se perdieron en la distancia mientras Irene continuaba su camino.
Al abrir la puerta de su departamento, la recibió un caos de envolturas dispersas por toda la sala. El piso estaba cubierto de cáscaras de fruta, y sobre la mesa del comedor descansaban recipientes de comida para llevar que aún despedían vapor.
Irene inhaló profundamente, cerró los ojos por un momento y luego tomó la escoba. No llevaba mucho tiempo limpiando cuando sonó el timbre.
Al abrir la puerta, se encontró con la mirada furiosa de Yolanda.
-Irene, ¿qué diablos te pasa?
-Ya te lo dije -Irene habló con una firmeza que sorprendió incluso a ella misma. Me voy a divorciar de Romeo. Y es definitivo, absoluto y seguro.
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