Capítulo 226
Romeo extendió su mano y tomó la de Irene sin previo aviso. La luz tenue que se filtraba por la ventana del auto dibujaba sombras sobre su rostro, acentuando sus rasgos angulosos y esa nariz prominente que tanto lo caracterizaba.
Irene no pudo evitar que su mirada se detuviera en él por un momento. A pesar de todo lo sucedido, seguía encontrándolo increíblemente atractivo. “Qué injusto“, pensó, sintiendo cómo ese pensamiento le provocaba un dolor agudo en el pecho que casi le robaba el aliento.
La cordura, sin embargo, permanecía intacta. Con un movimiento deliberado, apartó la mirada de su rostro y retiró su mano, dejando tras de sí una sensación fantasma de calor que se extendió desde la palma de Romeo hasta su pecho. Este rechazo le dolía más que cualquier crueldad que él hubiera mostrado antes.
Romeo observó sus manos vacías, sintiendo un vacío inexplicable en su corazón. Frunció el ceño mientras la estudiaba. La luz del sol que se colaba por las ventanas del auto bañaba el rostro de Irene, resaltando la suavidad de sus mejillas y ese ligero sonrojo que teñía sus orejas. Era como si la viera por primera vez. Sus labios rojos contrastaban con la blancura de sus dientes, y su piel clara resplandecía con una belleza que lo dejó sin aliento. En ese momento, tuvo que admitir que era la mujer más hermosa que había visto jamás. Una realización que llegaba demasiado tarde.
El sonido insistente de un claxon los sacó de ese momento.
Romeo parpadeó, volviendo a la realidad. El semáforo había cambiado a verde, y pisó el
acelerador.
Media hora después, en el Hospital San Rafael, los lamentos de Esteban se escuchaban antes de verlo. Irene caminaba detrás de Romeo, esquivando a las familias que esperaban noticias de sus seres queridos en cirugía.
Antes de que pudieran procesar la situación, Esteban se abalanzó sobre Romeo, descalzo y sollozando.
Sus ojos enrojecidos se clavaron en Romeo mientras se aferraba a su cintura.
-¡Romeo, tienes que ayudarme! ¡Mi mano! ¡Va a quedar marcada de por vida!
Irene observó la escena con desconcierto. Esteban se había pegado a Romeo como una lapa, con las piernas flexionadas en una postura casi femenina, hundiendo el rostro en su pecho.
Romeo apretó los dientes y lo sujetó por los hombros, intentando apartarlo.
-¿Es en serio, Esteban?
-¡Si me queda una cicatriz, me muero! ¡Esto es vida o muerte! ¿Cómo no ibas a venir?
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Capitulo 226
-gimoteó Esteban con voz melodramática, sin aflojar su agarre.
Romeo, siendo un hombre que cuidaba meticulosamente su imagen, se sentía profundamente incómodo al ser el centro de atención de esta manera, con otro hombre abrazándolo y llorando sobre él.
-Vamos a discutir esto adentro–masculló, empujando a Esteban hacia una sala anexa al quirófano.
Después de cerrar la puerta, Romeo se reunió con el médico para discutir el caso. Durante un experimento, Esteban había mezclado accidentalmente dos químicos que reaccionaron, derramándose sobre el dorso de su mano y provocando una quemadura del tamaño de una moneda. La naturaleza corrosiva de los químicos había causado una herida profunda que dejaría una cicatriz notable.
El médico explicó que necesitaban operar para limpiar el tejido dañado y aplicar un antídoto que previniera mayor corrosión. En resumen: no era mortal, pero sería doloroso, molesto y dejaría una marca permanente.
Romeo extendió su mano hacia el médico con impaciencia.
-¿Qué esperas? La autorización para la cirugía.
-Sí, claro -respondió el médico, entregándole rápidamente el formulario de consentimiento.
Romeo firmó sin vacilación y, sin más preámbulos, sujetó a Esteban por el cabello para apartarlo.
-¿Te gusta tanto abrazar hombres? Espérate a que termine la cirugía. Te voy a dar todos los abrazos que quieras.
Esteban continuaba llorando, con los ojos hinchados y las mejillas empapadas.
-Es que solo quería abrazarte, tú me das…
-¡Cállate ya! -Romeo lo interrumpió bruscamente, empujándolo hacia el médico antes de salir del quirófano.
En el pasillo, todas las miradas se clavaron en él, estudiándolo con curiosidad. Por fortuna, pensó, Irene estaba allí para disipar cualquier duda sobre su orientación…
De pronto, entrecerró los ojos, buscando el lugar donde ella había estado momentos antes. Su corazón dio un vuelco al darse cuenta de que Irene había desaparecido.
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