Capítulo 225
Los dedos de Romeo batallaban con los diminutos botones nacarados de su blusa. Después de varios intentos frustrados, terminó jalando el cuello de la prenda con impaciencia. El sostén rosa pálido quedó expuesto, y ella, en un acto reflejo, echó la cabeza hacia atrás, revelando la delicada curva de su cuello.
Romeo parecía hipnotizado por su piel, ignorando por completo sus palabras anteriores. -Si quedas embarazada, entonces… -murmuró distraídamente.
Las palabras resonaron en la mente de Irene como una explosión. -¿Entonces qué? -Su voz tembló de indignación mientras deseaba poder descifrar los pensamientos que se ocultaban tras esos ojos oscurecidos por el deseo.
-Irene… La voz de Romeo emergió ronca y profunda en la quietud de la habitación. Las venas de su cuello se marcaban visiblemente, traicionando su estado de excitación.
El zumbido insistente del celular vibró contra los muslos de ambos, imposible de ignorar. Romeo hundió el rostro en el cuello de ella mientras intentaba controlar su respiración agitada. -Más vale que sea importante…
-Buenas tardes, señor Castro. Le llamamos de urgencias del Hospital San Rafael -la voz resonó con claridad en los oídos de Irene-. El doctor Morales tuvo un accidente en su casa durante un experimento. Necesitamos que venga a firmar la autorización para la cirugía…
Romeo verificó la pantalla, confirmando que era Esteban quien llamaba. -¿Se está muriendo? -preguntó entre dientes.
-Si no operamos, existe ese riesgo… ¡Doctor Morales, por favor, no se mueva!
La llamada se cortó en medio del caos.
Romeo arrojó el celular a un lado y comenzó a acomodar con cuidado la ropa desarreglada de Irene. Ella agradeció silenciosamente a Esteban por la oportuna interrupción.
-Yo me arreglo -aclaró su garganta mientras intentaba abrochar los maltratados botones sin
éxito.
Romeo se apartó y la ayudó a meter la blusa dentro del pantalón. -Hay algunas pijamas tuyas en el vestidor.
-Voy contigo -respondió ella sin dudar-. El doctor Morales es el médico principal de Daniel. Su estado es crucial para el tratamiento. Necesito saber exactamente qué pasó y si debemos continuar con la terapia esta noche.
Mientras luchaba por acomodar la ajustada blusa que insistía en revelar más de lo debido, una camisa negra voló en su dirección. Sus reflejos la hicieron atraparla en el aire.
-Póntela ordenó Romeo-. Después pasamos por tus cosas.
“¿Mis cosas?“, pensó Irene confundida. La simpleza con la que Romeo asumía que un
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Capítulo 225
encuentro íntimo resolvería todos sus problemas la desconcertaba. No sabía si era una característica común en todos los hombres o si Romeo tenía el monopolio de la terquedad.
Sin embargo, guardó silencio. Se puso la camisa, abrochando algunos botones al azar, y lo siguió escaleras abajo hacia el auto. Adoptó la actitud sumisa y obediente de la esposa que alguna vez había sido, observando la sonrisa satisfecha que se dibujaba en el rostro de Romeo
mientras se detenían en un semáforo.
Su mano, cálida y áspera, cubrió la de ella antes de que pudiera reaccionar. Los dedos de Romeo, largos y marcados por suaves callosidades, se entrelazaron con los suyos. Las venas azules que recorrían el dorso de su mano le daban un aire inexplicablemente atractivo.
Por un momento, Irene se perdió en los recuerdos de aquellos escasos viajes en el auto de Romeo, cuando lo observaba discretamente, admirando sus manos sobre el volante y añorando en secreto poder entrelazar sus dedos con los suyos.
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