Capítulo 222
Los labios de Romeo se tensaron en una línea dura.
-No he tenido tiempo.
Milagros entrecerró los ojos, estudiando el rostro de su nieto.
-¿Ahora me vas a decir que andas muy ocupado? Si fuiste tú quien lo hizo regresar…
-Abuela -Romeo la interrumpió con una brusquedad calculada-. ¿Se acuerda de las dos macetas que tenía en el ático? ¿No quiere subir a verlas?
El recuerdo flotó en el aire como una niebla dorada. Aquellas dos plantas eran especies exóticas que Romeo había conseguido del extranjero a un precio exorbitante, sabiendo cuánto le gustaban a su abuela. Todos habían pensado que Milagros las cuidaría con devoción en la villa, pero en un giro inesperado, las había dejado allí, prohibiendo que Romeo e Irene las atendieran, abandonándolas a su suerte.
La expresión de Milagros se suavizó con nostalgia.
-Mira nada más, si no lo mencionas, ni me acuerdo. Ya van dos años… debería ver cómo han crecido.
Romeo se incorporó con elegancia estudiada, ofreciendo su brazo a Milagros para ayudarla a subir las escaleras.
La mirada cristalina de Irene los siguió, su mente girando como un torbellino. En realidad, Romeo no necesitaba esquivar el tema de Esteban. Aunque el resentimiento le quemaba por dentro, ella era lo suficientemente madura para no reclamarle por qué, conociendo a un médico tan brillante, no se lo había mencionado antes. Un médico que podría haber salvado la vida de Daniel. “Pero ya no importa“, se dijo, “David ya hizo la conexión“.
Se levantó para ayudar a María Jesús en la cocina, sus pasos ligeros ocultando el peso de sus pensamientos.
En el ático, la tenue luz revelaba una planta amarillenta y otra marchita, aunque un tenue verdor persistía en sus raíces, desafiando al tiempo. Romeo parpadeó, genuinamente sorprendido. Nadie se ocupaba del invernadero del ático; apenas si mantenía un poco más de calor que el exterior. Había dado por sentado que las plantas estarían muertas.
Milagros se inclinó sobre las macetas.
-¿Crees que todavía tienen salvación?
-Con los cuidados adecuados, quizás -Romeo recordó la investigación exhaustiva que había hecho al comprarlas-. No son especialmente exigentes, pero tampoco sobreviven al abandono total.
La mirada de Milagros se volvió penetrante, cargada de intención.
-Si sabes que no puedes descuidarlas, dedícales tiempo. Deja que estas plantas te enseñen
1/3
Capitulo 222
que todo requiere atención y esfuerzo. Aunque al final mueran, el intento habrá valido la pena.
Romeo frunció el ceño.
-¿Quiere que yo me encargue?
-Sí, tú. Y no dejes que Irene intervenga -Milagros posó una mano arrugada sobre el hombro de su nieto-. Saca un poco de tiempo de tu precioso trabajo.
El consejo resonaba con ecos del pasado. Las mismas palabras que le había dado a Ismael: dedicar al trabajo algo del tiempo que gastaba mimando a su esposa. Pero Ismael no había escuchado, y su hogar… Bueno, con Romeo la historia tenía que ser diferente. Tenía que
entender la lección.
La videollamada de Yolanda interrumpió a Irene mientras ayudaba con el almuerzo. María Jesús la empujó suavemente fuera de la cocina.
-Vaya a atender la llamada, yo me encargo aquí.
Irene se refugió en el invernadero junto a la sala, donde el tintineo suave de un móvil de conchas marinas que ella misma había creado llenaba el aire con música delicada.
-¿Qué pasó, mamá?
Yolanda, recostada en su sofá con una mascarilla facial, sonrió con malicia.
-Nomás vine a ver cómo te va en tus clasecitas de miles de pesos.
Irene contuvo un suspiro de fastidio.
-Si no es nada importante, voy a colgar.
-¡Espera! -Yolanda se arrancó la mascarilla de un tirón, inclinándose hacia la pantalla-. ¿No estás en tu casa? Ah, mira nada más… me dejaste aquí tirada para volver a tu vida de reina, ¿verdad?
El colgante de conchas seguía danzando con la brisa, sus movimientos hipnóticos contrastando con la tensión del momento. Yolanda lo reconoció al instante; ella misma había elogiado la habilidad de Irene al crearlo.
-Fue algo inesperado, pronto voy a…
-No me tienes que explicar nada, m’hija. Tu madre está esperando que regreses… ¿cuánto llevamos con esto? Ya que volviste, aprovecha para contentarlo. ¡Esta es tu oportunidad!
La voz de Yolanda vibraba de emoción.
-¿Ya entendiste qué oportunidad es esta? ¿Romeo está en casa? Aprovecha la oportunidad…
Su alegría desbordante inundaba cada rincón del invernadero, rebotando contra el cristal como un pájaro atrapado.
16:24]
Capítulo 222
En el umbral, bañado por la luz dorada del mediodía, Romeo observaba la escena. Sus ojos, entrecerrados contra el resplandor, destilaban un desprecio absoluto.
16.217