Capítulo 213
David examinaba el diseño con ojo crítico, sus dedos tamborileando suavemente sobre el volante. La luz tenue del interior del auto proyectaba sombras suaves sobre su rostro pensativo.
-Tu diseño está bien estructurado, pero le falta ese toque especial -su voz era suave pero firme. Es demasiado seguro, muy conservador. Te sugiero que lo uses como respaldo mientras buscas algo más innovador.
Irene sintió que su estómago se contraía. La meticulosidad de David en el trabajo era legendaria, y sabía que sus expectativas hacia ella eran aún más altas. El mensaje era claro: necesitaba empezar desde cero.
“Tantos años fuera del medio me están pasando factura“, pensó, mordiéndose el labio inferior.
David notó su inquietud. La conocía lo suficiente para saber que su talento estaba ahí, solo necesitaba recuperar la confianza que Romeo le había arrebatado.
–
-Todavía tienes diez días para el repechaje la luz del tablero iluminaba sus facciones amables-. Dale otra vuelta al diseño, pero esta vez sin limitaciones. No olvides que fuiste el orgullo de la Universidad del Puerto Poniente. Estoy seguro de que también vas a brillar en el mundo del diseño. Confía en ti, sé que puedes lograrlo.
Las palabras de aliento calaron hondo en Irene. Últimamente todo en su vida parecía estar en picada – el trabajo, su matrimonio, incluso su rutina diaria. La soledad se había vuelto su única compañera constante.
Sus ojos se posaron en David, observando cómo su camisa blanca impecable contrastaba con el interior oscuro del auto. Había algo reconfortante en su presencia, una calidez que irradiaba naturalidad y elegancia.
-Con razón Nati salió tan espontánea y alegre, teniendo un hermano tan atento como tú -una sonrisa triste se dibujó en sus labios-. Me da un poco de envidia.
Pensó en Daniel, su propio hermano. También era considerado, pero su juventud lo hacía más despistado, menos perceptivo a los sutiles cambios en su estado de ánimo. Aunque quizás con los años llegaría a ser tan empático como David.
Los labios de David se curvaron en una sonrisa.
-Es que mis papás la consienten demasiado.
Irene esperaba que él respondiera con el típico “puedo ser como un hermano para ti“, pero la respuesta nunca llegó. La sorpresa debe haberse reflejado en su rostro, porque David continuó: -Si tú lo permites… aunque no sea tu hermano de sangre, podría… cuidarte.
El silencio que siguió fue tan denso que parecía tener peso propio. Irene lo miró fijamente, sintiendo cómo la tensión se acumulaba en su mandíbula.
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Capitulo
‘Toc, toc, toc‘
Los golpes en la ventanilla rompieron el momento. Al girar, se encontró con el rostro de Yolanda pegado al cristal.
-Mamá…
Antes de que Irene pudiera recuperar el equilibrio al salir del auto, Yolanda la jaló del brazo. Luego, inclinándose hacia el interior del vehículo, su madre forzó una sonrisa.
—David, muchas gracias por traer a Irene.
-No tiene nada que agradecer, tía.
-Claro que sí. Con lo ocupado que andas y te tomas el tiempo de traerla… -Yolanda hizo una pausa calculada-. Y también, de parte de Romeo, gracias por cuidar de Irene…
Irene la alejó del auto con un movimiento firme, cerrando la puerta.
—Ya es tarde, David. Deberías ir a descansar.
-Claro, ustedes también descansen -la sonrisa de David se desvaneció gradualmente-. Me
retiro.
El motor cobró vida y el auto se perdió en la noche.
Yolanda soltó el brazo de Irene, su expresión transformándose en una máscara de reproche.
-Son casi las once. ¿Qué hacías encerrada con él en el coche a estas horas?
-Me trajo a casa. Estábamos hablando del trabajo.
Irene se dirigió hacia el edificio, pero su madre la siguió como una sombra acusadora.
-¿Cuál trabajo ni qué nada? -Yolanda la alcanzó, sujetándola del brazo-. Andas diciendo que Romeo te fue infiel cuando yo no he visto a nadie rondándolo. ¡Y mírate aquí, a estas horas de
la noche con otro hombre!
Al llegar al elevador, Irene finalmente se detuvo. El veneno en las palabras de su madre fue la gota que derramó el vaso.
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