Capítulo 208
Al salir del hospital, Irene se dirigió con paso decidido hacia la parada de autobús. El aire frío de la mañana le golpeaba el rostro, recordándole su estado febril.
Yolanda la sujetó del brazo con fuerza repentina.
-¡Ni creas que me voy a subir a un camión! Mejor nos vamos en taxi.
Sin esperar respuesta, arrastró a su hija hasta la orilla de la avenida, agitando la mano para detener cualquier taxi que pasara.
En la esquina, un Maybach negro permanecía estacionado, su presencia tan imponente como su dueño. La ventanilla polarizada descendió apenas unos centímetros, revelando un par de ojos oscuros y penetrantes que observaban la escena con atención calculada.
Cuando Romeo vio a Irene y Yolanda abordar un taxi, subió la ventanilla con un movimiento brusco y ordenó al chofer dirigirse a Alquimia Visual.
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Los contratos destruidos en el incendio ya no eran un problema inmediato – todos los socios comerciales habían accedido a firmarlos nuevamente. Sin embargo, para mantener las relaciones comerciales en buenos términos, Alquimia Visual había tenido que hacer concesiones, reduciendo sus márgenes de ganancia en cada acuerdo. La suma total de pérdidas superaba los cien millones.
Los directivos, furiosos por el impacto financiero, habían estado buscando cabezas que rodar. Los contratos, que deberían haber estado resguardados en las oficinas corporativas, habían quedado bajo la negligente custodia de Inés Núñez.
Ahora Inés caminaba de puntillas, consciente de estar en el ojo del huracán. Pero no era solo la presión laboral lo que la mantenía en vilo – el fantasma de aquellas supuestas fotografías que Irene había mencionado la perseguía día y noche. Repasaba obsesivamente cada encuentro: más allá de sus enfrentamientos cara a cara con Irene, no recordaba haber dejado evidencia alguna. “¿Qué fotos puede tener? ¿De qué está hablando?”
Dos golpes suaves en la puerta interrumpieron sus cavilaciones. La secretaria asomó la cabeza con expresión cautelosa.
-Señora Núñez, el presidente Castro solicita verla en su oficina.
Inés se recompuso instantáneamente.
-Voy para allá.
Tomó un pequeño espejo de su escritorio y revisó meticulosamente su maquillaje, asegurándose de que la máscara de perfecta profesionalidad estuviera en su lugar.
La oficina del director general en el último piso parecía más fría que de costumbre. La tensión era casi palpable en el aire mientras Inés entraba, midiendo cada respiración.
-Romeo, ¿me mandaste llamar?
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Capítulo 208
Los dedos de Romeo tamborilearon suavemente sobre el escritorio de caoba.
-Quedas suspendida de tus funciones en Alquimia Visual. Tu bono anual y evaluación de desempeño están cancelados. Por ahora, solo te encargarás del concurso Design Space.
El estómago de Inés se contrajo dolorosamente.
-Romeo, esto no es justo. ¿Cómo iba yo a saber que Irene iba a hacer semejante locura?
-El incendio es problema de ella. La negligencia con los contratos es tuya -la voz de Romeo cortó el aire como un cuchillo, su meticulosidad habitual afilada por la irritación.
-¿Y qué vas a hacer con Irene? -Inés no pudo contener el veneno en su voz.
Romeo frunció el ceño, sus rasgos endureciéndose.
-La casa es suya. Si quiso quemarla, ese es su problema. ¿Qué castigo podría aplicar?
-Pero, ¿no se iban a divorciar?
—Aunque ese sea el plan, aún no lo hemos hecho. Cuando ocurrió el incendio, ella era la dueña legítima -Romeo se pasó una mano por el rostro, su paciencia agotándose visiblemente. Y
esto no es asunto tuyo.
La situación con Irene era algo que él mismo manejaría. ¡Nadie más tenía derecho a opinar! Además, estaban discutiendo la negligencia de Inés, no sus asuntos personales.
La frialdad en su tono hizo que algo se retorciera en el interior de Inés.
-Entrega tus pendientes a Gabriel Ferrer y dedícate a Design Space -la despidió Romeo, su atención ya dirigida a otros documentos sobre su escritorio.
Inés tragó su insatisfacción y salió de la oficina. Después de transferir sus responsabilidades a Gabriel, abrió el panel de administración de Design Space para revisar el avance del concurso. Sus ojos se dilataron con sorpresa al ver el nombre de Irene en la lista de finalistas.
Sus dedos volaron sobre el teclado del teléfono.
-¿No te di instrucciones claras de eliminar a Irene? ¿Por qué sigue en la lista?
Eduardo Reyes se apresuró a defenderse.
-Señora Núñez, fueron órdenes directas del presidente Aranda. ¡No nos atrevimos a
contradecirlo!
Inés se quedó inmóvil por un momento, su mente procesando la información.
-¿David? -murmuró, una sonrisa amarga curvando sus labios.
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