Capítulo 205
Romeo hundió las manos en los bolsillos de su abrigo, una sonrisa sarcástica curvando sus labios.
-¿Que me tiene en su corazón? -su voz destilaba incredulidad-. Tal vez no estés enterada, pero últimamente anda muy pegada a David.
Yolanda conocía bien a David; la familia Aranda era un nombre respetado en Puerto del Oeste. Especialmente sabía de la cercanía entre Irene y Natalia. Al notar el destello de disgusto en los ojos de Romeo, se apresuró a intervenir.
-Bueno, no es por nada, pero quizás tú la has tenido muy abandonada -se inclinó hacia él con aire confidencial-. En estos dos años siempre viene llorando conmigo porque dice que no le pones atención. Ni una sorpresa en su aniversario, ni la felicitas en su cumpleaños… ni siquiera te interesa cómo se siente.
La expresión de Romeo se endureció.
-¿Entonces buscó consuelo en otros hombres?
“Si esa es su excusa, ¡vaya que Irene sabe cómo justificarse!“, pensó, su mandíbula tensa.
Yolanda frunció el ceño, agitando las manos con nerviosismo.
-¡No, no! Lo que pasa es que quiere llamar tu atención, ¿no te das cuenta? -estudió su rostro con atención-. Se nota que te molesta, claro que te importa. Por eso llegamos a esto del divorcio, pero todo es un malentendido.
Romeo apretó los labios. “¿De dónde sacó Irene el valor para coquetear con David?“, su mente daba vueltas. “¡Todo es un teatro para provocarme! Jugando al gato y al ratón sin medir las consecuencias… ¡está buscando problemas!”
-Romeo, de verdad está mal -la voz de Yolanda se volvió suplicante-. No ha probado bocado desde ayer y tiene fiebre. Yo tampoco me siento bien como para cuidarla. ¿Podrías ir a verla?
Yolanda se llevó una mano temblorosa a la frente, su rostro una máscara de debilidad.
-Yo…
-¡Ay, ay! ¡Enfermera, ayúdeme por favor! -Yolanda se tambaleó hacia el mostrador.
La enfermera se levantó de inmediato.
-Señora, ¿qué le pasa?
-La cabeza… me da vueltas todo–se apoyo pesadamente en el mostrador-. ¿Me ayuda a sentarme un momento?
El arte del dramatismo era una de las especialidades de Yolanda. Mientras la enfermera la guiaba hacia una silla, señaló hacia urgencias.
16:32
Capitulo 205
-Mi pobre hija… allá sola con el suero… y con esa fiebre…
La sala de espera de urgencias estaba llena, cada asiento ocupado por pacientes recibiendo suero. Romeo alzó la vista y la encontró de inmediato: Irene, acurrucada contra la pared en un rincón, medio dormida.
Aunque la había visto apenas ayer, hoy le parecía diferente. Envuelta en su abrigo negro, se veía tan frágil que parecía que podría levantarla con una sola mano. Su largo cabello recogido en un moño descuidado le daba un aire vulnerable, y sus facciones delicadas emanaban una belleza inconsciente que lo golpeó con fuerza inesperada.
Cuando Romeo volvió en sí, ya estaba frente a ella. La luz caía sobre ambos como un velo. Irene parpadeó lentamente, luchando contra el sueño. No quería dormirse profundamente por miedo a que el suero terminara sin que se diera cuenta.
Lo primero que captó su mirada fue el brillo de unos zapatos masculinos. Sus ojos recorrieron hacia arriba: las piernas enfundadas en pantalón negro, el abrigo del mismo color rozando las rodillas, ligeramente abierto. La corbata… esa corbata que ella misma había elegido.
Su mirada se detuvo allí, en esa corbata que guardaba tantos recuerdos, incapaz de subir más. Debía ser un sueño, una alucinación por la fiebre. ¿Cómo podría Romeo estar aquí?
Después de unos segundos de duda, alzó bruscamente la cabeza. El rostro familiar y perfilado de Romeo la miraba desde arriba.
¿Era real? ¿Cómo había llegado aquí?
Se enderezó por instinto, abriendo la boca, pero su garganta estaba tan áspera que ningún sonido emergió.
Romeo permanecía de pie ante ella, su postura dominante con las manos en los bolsillos y una mirada distante que apenas ocultaba un destello de curiosidad.
Por alguna razón que no pudo comprender, las palabras se negaron a salir, pero las lágrimas sí lo hicieron. Quizás por la fiebre, las gotas que rodaban por sus mejillas quemaban como si fueran de fuego líquido.
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