Capítulo 199
Inés parpadeó varias veces ante las cámaras, adoptando una expresión de fingida modestia.
-De lo demás prefiero no hablar mucho. Solo espero que de ahora en adelante enfoquen su atención en Alquimia Visual y no en asuntos personales entre Romeo y yo…
La noticia se propagó como pólvora en las redes sociales. Tres preguntas ardían en la mente. del público: ¿Cómo se había iniciado el incendio? ¿Por qué Inés estaba viviendo en la casa de Romeo? ¿Qué pasaría con los contratos millonarios de la empresa que se habían convertido en
cenizas?
De las tres, la segunda pregunta era la que más suspicacias despertaba. Después de todo, nadie en su sano juicio permitiría que una mujer se mudara a su casa sin que existiera algo más que una relación profesional. Y eso que el público desconocía un detalle crucial: esa propiedad no era cualquier casa, sino el hogar conyugal de Romeo.
Los de afuera podían especular, pero los Castro conocían la verdad.
Milagros, con el rostro tenso después de ver las noticias, tomó su celular y llamó a Ismael exigiéndole que regresara a casa inmediatamente. Cuando lo vio entrar con expresión confundida, supo que aún no estaba al tanto del escándalo.
El rostro de Milagros se contrajo en una mueca de disgusto mientras observaba a su hijo leer las noticias en su teléfono.
-¿Quién es Inés? -preguntó Ismael, frunciendo el ceño.
Milagros entornó los ojos con desdén.
-¿Tan cegado estás por tu esposa que no ves lo que pasa a tu alrededor? Me tiene sin cuidado que vivas embobado, pero ocúpate de tu hijo. Si no lo haces, pronto se quedará más solo que
un hongo.
El silencio cortante de Milagros empujó a Ismael a buscar en internet. Después de unos minutos, su rostro se iluminó con reconocimiento.
-Ah, es esa chica que Romeo ha estado impulsando, ¿no? La verdad tiene talento. Hasta uno que otro directivo la ha elogiado.
Milagros golpeó la mesa con la palma abierta.
-¿Te hice venir para que te pusieras a alabarla? ¡Concéntrate en lo importante!
Y lo importante era cristalino: Inés se había instalado en Valle Aureo, la casa que Romeo
compartía con Irene. ¡Y ahora esa casa estaba reducida a escombros!
Ismael, captando por fin la gravedad de la situación, sacó su teléfono.
-Voy a llamar a Irene primero.
-Bien. Averigua si está enojada. Y si lo está, ese ingrato de Romeo puede ir olvidándose de
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Capitulo 199
poner un pie en esta casa.
A Milagros le tenía sin cuidado la casa o las pérdidas materiales. Cualquiera con dos dedos de frente estaría más preocupado por el estado emocional de la esposa en una situación así.
Ismael, con el teléfono en la mano, dudó.
-Madre, ¿no deberíamos preguntarle primero a Romeo qué sucedió? Usted conoce su carácter,
tan directo y terco…
Milagros no le dejó terminar la frase.
-Dirás que tiene un pésimo carácter. Pero tienes razón, hay que averiguar su versión. Si no puede dar la cara, nosotros hablaremos con Irene.
Después de todo, habían visto crecer a Romeo. Si había permitido que Inés se mudara a la casa matrimonial, debía existir una explicación más allá de los chismes que circulaban en internet. O al menos, eso querían creer.
Ismael intentó comunicarse con Romeo sin éxito. Frustrado, marcó el número de Gabriel.
Gabriel respondió en un susurro desde algún rincón de la sala de juntas.
-Presidente Castro, el señor Romeo está en una reunión de emergencia. Los contratos que se quemaron necesitan atención urgente.
-Dile que venga esta noche cuando termine sus pendientes en la empresa. Su abuela y yo lo estaremos esperando.
Ismael conocía bien a su hijo: igual que Begoña, Romeo vivía por y para su trabajo. No tenía caso insistir ahora.
-Madre, cancelaré mi cena. Esperaremos juntos a que Romeo regrese y nos explique qué está pasando.
Milagros levantó la mano en un gesto tajante.
-Ni se te ocurra hacerla venir. Tu hijo es igual de testarudo que ella. Si esos dos se ponen de acuerdo, tú no te atreverás a contradecir a tu mujercita y acabarás defendiéndolos. No quiero morirme de un coraje a mi edad.
Ismael se rascó la nariz, incómodo.
-Qué cosas dice, madre. Sé distinguir perfectamente entre lo correcto y lo incorrecto.
-¡Ja! -Milagros soltó una risa seca y despectiva-. Cuando se trata de tu esposa, no distingues ni entre humanos y animales, mucho menos entre el bien y el mal.
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