Capítulo 180
Capítulo 180
Romeo no podía precisar qué impulso lo había llevado a traer a Irene a esta reunión. La satisfacción que sentía al ver su Comportamiento sumiso era como un dulce veneno corriendo por sus venas.
David permaneció en silencio unos segundos, sopesando cada palabra antes de responder con voz medida:
-La familia no importa. Por ahora solo quiero concentrarme en hacer bien mi trabajo.
Rosa se enderezó en su asiento, la irritación clara en su rostro.
-¡Ay, hijo! El trabajo nunca se acaba, pero el amor no espera. No vayas a dejar ir la oportunidad.
-La señora Rosa tiene razón -intervino Romeo, su voz destilando falsa preocupación-. El presidente Aranda debería pensar primero en su futuro matrimonial.
Fernando y Rosa intercambiaron una mirada inquieta. Las palabras de Romeo sonaban como una velada desaprobación hacia las ambiciones inmobiliarias de los Aranda.
-Ha de estar buscando pretextos para no casarse -Fernando intentó desviar la conversación-. Si la familia Castro conoce a alguien adecuado, podríamos hacer las presentaciones.
Ismael se inclinó hacia adelante, estudiando el rostro de David.
-Primero habría que saber sus preferencias. ¿Tiene que ser alguien de la misma posición social?
Rosa abrió la boca para responder, pero David la interrumpió con firmeza:
-No es necesario. Con que me guste es suficiente.
-Pues hay tantas muchachas excelentes…
La conversación estalló en un caos de voces entusiastas. Irene permanecía en silencio, su mente divagando. “¿En qué momento Romeo se volvió tan infantil?“, se preguntaba. Desde que llegó, se había limitado a ser una pieza más en el juego de control de su esposo.
Podía sentir la mirada de Romeo sobre ella, especialmente cuando se mencionaba a la futura pareja de David, Sus ojos se clavaban en ella como dagas. “No debí haber venido a esta tontería“, pensó, pero el recuerdo de su dependencia económica le pesaba como una cadena.
Una hora más tarde, la reunión finalmente terminó. La familia Aranda se retiró primero. En cuanto salieron, Begoña se acercó a Romeo.
-¿Qué opinas de los Aranda?
-No hay de qué preocuparse–respondió Romeo con sequedad-. No pueden tocar los cimientos de la familia Castro.
-¿Entonces por qué la hostilidad? -Begoña frunció el ceño-. Insistir tanto en que David se case antes que nada… ¿nos, una forma de rechazarlos?
-Estoy siendo práctico. -Romeo metió una mano en el bolsillo, su rostro una máscara de seriedad-. Debería establecerse primero y después pensar en su carrera.
En realidad, lo que quería era mantenerlo ocupado, sin tiempo para acompañar a Irene a exposiciones. ¿Acaso no entendia que ella era su esposa?
Begoña lo estudió con preocupación.
-¿De verdad crees que esto te corresponde?
-Mi amor, ya es tarde -Ismael rodeó los hombros de Begoña con un brazo-. Y tú, muchacho, deja de hacer enojar a tu madre…
Romeo había llegado con ellos, pero el regreso lo haría en el auto de Irene. Ella aprovechó la privacidad del momento.
-¿Cuándo me vas a dar el dinero de los gastos?
-¿No tienes nada más que decir aparte de pedir dinero? -Romeo se recargó contra el auto, su postura una estudiada mestra de arrogancia,
Si no digo, no me lo das -La voz de Irene tenía un filo de amargura. No tenía nada más que decirle.
17.11
Capitulo 180
Pero Romeo la miraba fijamente, una ceja arqueada. Su intención era transparente como el cristal.
Irene recordó su comportamiento durante la reunión y algo hizo clic en su mente.
Todo esto es por David? ¿Estás celoso?
Los ojos de Romeo se estrecharon imperceptiblemente. Por un instante, la duda que crecía en su interior amenazó con devorarlo. ¿Por qué realmente había insistido en que Irene viniera? ¿Una mujer que solo lo perseguía por un título podría desarrollar sentimientos por otro?
¿Celos? Se burló internamente de la idea.
-¿Celos? ¿Tú crees que vales tanto? -Sus palabras cortaron el aire –. Solo te estaba dando la oportunidad de presentarte en público con la dignidad de ser la señora Castro. ¿Qué tal se sintió?
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Romeo no podía precisar qué impulso lo había llevado a traer a Irene a esta reunión. La satisfacción que sentía al ver su Comportamiento sumiso era como un dulce veneno corriendo por sus venas.
David permaneció en silencio unos segundos, sopesando cada palabra antes de responder con voz medida:
-La familia no importa. Por ahora solo quiero concentrarme en hacer bien mi trabajo.
Rosa se enderezó en su asiento, la irritación clara en su rostro.
-¡Ay, hijo! El trabajo nunca se acaba, pero el amor no espera. No vayas a dejar ir la oportunidad.
-La señora Rosa tiene razón -intervino Romeo, su voz destilando falsa preocupación-. El presidente Aranda debería pensar primero en su futuro matrimonial.
Fernando y Rosa intercambiaron una mirada inquieta. Las palabras de Romeo sonaban como una velada desaprobación hacia las ambiciones inmobiliarias de los Aranda.
-Ha de estar buscando pretextos para no casarse -Fernando intentó desviar la conversación. Si la familia Castro conoce
alguien adecuado, podríamos hacer las presentaciones.
Ismael se inclinó hacia adelante, estudiando el rostro de David.
-Primero habría que saber sus preferencias. ¿Tiene que ser alguien de la misma posición social?
Rosa abrió la boca para responder, pero David la interrumpió con firmeza:
-No es necesario. Con que me guste es suficiente.
-Pues hay tantas muchachas excelentes…
La conversación estalló en un caos de voces entusiastas. Irene permanecía en silencio, su mente divagando. “¿En qué momento Romeo se volvió tan infantil?“, se preguntaba. Desde que llegó, se había limitado a ser una pieza más en el juego de control de su esposo.
Podía sentir la mirada de Romeo sobre ella, especialmente cuando se mencionaba a la futura pareja de David. Sus ojos se clavaban en ella como dagas. “No debí haber venido a esta tontería“, pensó, pero el recuerdo de su dependencia económica le pesaba como una cadena.
Una hora más tarde, la reunión finalmente terminó. La familia Aranda se retiró primero. En cuanto salieron, Begoña se acercó a Romeo.
-¿Qué opinas de los Aranda?
-No hay de qué preocuparse–respondió Romeo con sequedad-. No pueden tocar los cimientos de la familia Castro.
-¿Entonces por qué la hostilidad? -Begoña frunció el ceño-. Insistir tanto en que David se case antes que nada… ¿noes una forma de rechazarlos?
-Estoy siendo práctico. -Romeo metió una mano en el bolsillo, su rostro una máscara de seriedad-. Debería establecerse primero y después pensar en su carrera.
En realidad, lo que quería era mantenerlo ocupado, sin tiempo para acompañar a Irene a exposiciones. ¿Acaso no entendia que ella era su esposa?
Begoña lo estudió con preocupación.
-¿De verdad crees que esto te corresponde?
-Mi amor, ya es tarde -Ismael rodeó los hombros de Begoña con un brazo-. Y tú, muchacho, deja de hacer enojar a tu madre…
“Romeo había llegado con ellos, pero el regreso lo haría en el auto de Irene. Ella aprovechó la privacidad del momento.
-¿Cuándo me vas a dar el dinero de los gastos?
-¿No tienes nada más que decir aparte de pedir dinero? -Romeo se recargó contra el auto, su postura una estudiada mdestra de arrogancia.
Si no digo, no me lo das -La voz de Irene tenía un filo de amargura. No tenía nada más que decirle.