Capítulo 178
Irene presionó sus labios, sopesando cuidadosamente cada palabra antes de responder. La videollamada con Natalia le daba un extraño sentido de seguridad, como si la distancia digital le permitiera ser más honesta.
-Te aseguro que me vas a ver divorciada antes que anunciando mi matrimonio con Romeo.
Natalia chasqueó la lengua y le guiñó un ojo, levantando el pulgar en señal de complicidad. Su rostro en la pantalla se iluminó con una sonrisa cálida.
-Entonces te deseo con todo mi corazón que te divorcies pronto. Y que nunca, por más pleitos que haya entre nuestras familias, dejemos de ser amigas.
Aunque Irene ya había tomado la decisión del divorcio y solo faltaba dar el paso final, cada vez que el tema surgía, sentía un peso inexplicable en el pecho. La guerra empresarial que se avecinaba entre los Aranda y los Castro no le causaba gran impresión.
En el mundo de los negocios, quien tiene el capital para invertir, encuentra la manera de hacerlo. Si no eran los Aranda quienes mordían ese trozo del pastel inmobiliario, serían los Jiménez o los Guerrero.
A la mañana siguiente, cuando Irene despertó, Romeo ya había partido hacia la empresa. El lado vacío de la cama ni siquiera conservaba su calor. A pesar de que él había mencionado que saldrían por la tarde, ella había solicitado el día libre para enfocarse en la segunda ronda del concurso Design Space.
Esta fase eliminaría a la mitad de los ochocientos participantes. Como requisito nuevo, debían elegir un nombre artístico. Irene, quien nunca había sido particularmente creativa para los seudónimos, optó por algo simple: ‘Lily‘. Después de registrar su nombre, se sumergió en la búsqueda de inspiración, estudiando diseños similares a los requeridos para esta
etapa.
A las dos de la tarde, su teléfono vibró con un mensaje de Romeo: solo una dirección, sin explicación alguna. El mensaje silencioso era claro: debía llegar por sus propios medios.
Se vistió con simplicidad estudiada: jeans que le sentaban bien sin parecer pretenciosos, una camiseta negra de cuello alto que acentuaba su figura esbelta, y su abrigo más grueso para combatir el frío persistente del invierno. El trayecto, que normalmente tomaría cuarenta minutos, se extendió a hora y media por la capa que cubría las calles tras el deshielo.
En la Cafetería La Mancha.
Permaneció inmóvil frente a la entrada, su mano jugueteando nerviosamente con el teléfono mientras enviaba un mensaje a Romeo para confirmar la dirección. Era extraño. Él siempre elegía clubes exclusivos o restaurantes de alto nivel para sus reuniones de negocios. Además, detestaba las bebidas elaboradas.
[Segundo piso, salón número tres.]
La respuesta llegó cortante y precisa. Guardó el teléfono y cruzó el umbral. El lugar, aunque especializado en café, ofrecía mucho más: cada salón privado contaba con juegos de ajedrez y galerías. Era un punto de encuentro favorito para artistas que buscaban inspiración y conversación. El recuerdo de Ismael, quien solía frecuentar este lugar, cruzó fugazmente por su
mente.
Un mesero la guio hasta el salón indicado. Tocó suavemente y abrió la puerta.
-Señorita Llorente, adelante.
La escena que encontró la dejó momentáneamente paralizada. Ismael y Fernando Aranda, el padre de David, ocupaban la mesa principal, sentados uno frente al otro. En la mesa de juegos, Romeo y David mantenían lo que parecía una tensa partida. Begoña y Rosa Vargas, la madre de David, conversaban en voz baja en una mesa lateral. Todas las miradas Convergieron en ella.
Irene contuvo la respiración. Sus ojos buscaron instintivamente a Romeo, cuestionando silenciosamente el motivo de esta
reunión.
Élignorando deliberadamente su confusión, esbozó una sonrisa calculada y le hizo un gesto con la mano.
Qué esperas? Ven aquí.
David puyo rostro normalmente reflejaba amabilidad, se tensó visiblemente, aunque logró asentir cortésmente a modo de
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Capitulo 178
saludo. Irene, sintiendo el peso de cada mirada sobre ella, entró con paso inseguro y cerró la puerta tras de sí.
Suegra, suegro, señor Fernando, señora Rosa, David -saludó a cada uno, su voz manteniéndose firme a pesar de la incomodidad.
La familia Aranda estaba al tanto de su matrimonio con Romeo. Fernando respondió con una sonrisa cortés y un asentimiento antes de volver a su bebida. Rosa, en cambio, se levantó con entusiasmo y se acercó ella.
-Irene, ¿viniste a buscar a Romeo?
-Sí–respondió Irene con una sonrisa tímida, sintiendo cómo el rubor comenzaba a teñir sus mejillas.
Romeo levantó su taza de café y la chocó suavemente contra la de David. Sus ojos brillaban con un destello de diversión
maliciosa.
-Es que es muy apegada. Hasta el presidente Aranda se ha reído de eso.
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