Al Mal esposo 176

Al Mal esposo 176

Capítulo 176 

Romeo siempre había esperado que Irene fuera como su madre: una mujer fuerte que mantuviera unida a la familia Castro con mano firme. En su mente, el matrimonio con Irene no solo fortalecería a su propia familia, sino que también elevaría el estatus de los Llorente. Pero ahora que ella se negaba a seguir sus órdenes, ¿por qué tendría que seguir pagando su 

matrícula

Irene sostenía el teléfono con firmeza, sus nudillos blancos por la presión. Sus ojos, antes suaves y complacientes, ahora mostraban determinación

-Lo de Daniel es asunto mío. Todo lo demás ya no les concierne

-¡Irene! -Yolanda le arrebató el celular a César, su voz teñida de desesperación-. ¡Lo hacemos por tu bien! Si sigues con. esta actitud, jel día que Roméo te deje vas a acabar arrepintiéndote 

de todo

Los dedos de Irene se tensaron alrededor del aparato. Una pequeña sonrisa amarga se dibujó en sus labios

-Yo me las puedo arreglar sola. No necesito que se preocupen por

Sin esperar respuesta, cortó la llamada

El sonido monótono del tono de línea resonaba en el altavoz del teléfono. César, con el rostro enrojecido por la furia, arrojó el aparato contra la pared. El estruendo del impacto hizo eco en la habitación

Yolanda se acercó a su esposo, sus manos temblorosas intentando calmarlo mientras acariciaba su pecho

-No te alteres, mi amor. Ha de estar pasando por momentos difíciles. Con Romeo amenazando con el divorcio, debe estar asustada por el dinero -sus dedos trazaban círculos suaves sobre la tela de su camisa-. No te preocupes, ya cambié su medicación. Cuando quede embarazada, todo se va a solucionar

-¿Esperar? ¿Esperar qué? -César apartó sus manos con brusquedad-. ¡Todo esto es culpa de tu perfectahija

-Por favor, no te enojessuplicó Yolanda, su voz quebrándose-. Si te enfermas, ¿qué voy a hacer yo? En un mes, cuando mucho, Irene estará embarazada

En su mente, Yolanda hacía cálculos. La medicación llevaba más de una semana de cambiada. Aunque estos días no coincidían con el período fértil de Irene, estaba segura: en un mes, su hija estaría esperando un hijo

En el apartamento, Irene dejó el celular sobre la mesa del comedor. La pantalla negra reflejaba como un espejo el rostro de un hombre detrás de ella. Su corazón dio un vuelco al girarse

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Capítulo 176 

Romeo acababa de salir de la ducha. Su cabello goteaba sobre la pijama de satén que se adhería a su cuerpo atlético, creando pequeñas manchas oscuras en la tela. Sus ojos la estudiaban en silencio

Irene sintió la humillación ardiendo en su pecho. Arreglárselas solasonaba casi como una broma cruel en su situación actual

-No imaginé que estar contigo sería tan humillante

Romeo levantó una mano, tomando un mechón del cabello de Irene entre sus dedos, jugando con él como si fuera una mascota. Ella bajó la mirada instintivamente, temerosa de encontrar desprecio en sus ojos. El peso de la vergüenza la aplastaba: si su propia familia la trataba así, ¿qué derecho tenía de exigir respeto de Romeo

-Vamos a comer

Irene evadió el tema de la humillación. Corf movimientos mecánicos, liberó su cabello de los dedos de Romeo y se dirigió al comedor. Colocó dos juegos de cubiertos sobre la mesa y tomó 

asiento

Por la ventana podía ver que la nieve en las calles casi había desaparecido. Mañana volverían al trabajo. Esta noche necesitaba hablar sobre el dinero de los gastos, aunque la idea le revolvía el estómago. A pesar de haberse prometido que pediría el dinero con dignidad, vivir de la caridad de otro resultaba más difícil de lo que había imaginado

Sus dedos jugueteaban con los cubiertos, despedazando la comida en su plato sin probar bocado. Romeo la ignoraba, comiendo con aparente satisfacción. No había probado alimento en todo el día y hacía tiempo que no probaba su cocina

Cuando lo vio casi terminar, Irene finalmente reunió el valor para hablar

-Mañana es primero. Necesito el dinero para los gastos

Romeo hizo una pausa, limpiándose la boca con una servilleta antes de responder

-Ya tienes trabajo y no te haces cargo de mi vida diaria. ¿Por qué necesitarías dinero para gastos

Sus palabras la golpearon como una bofetada. Los cincuenta mil no eran para gastos, eran su salario. Como si fuera una simple empleada doméstica

El color abandonó el rostro de Irene

-María Jesús solo se encarga de la comida -su voz temblaba ligeramente-. Pero hay otros gastos, las reuniones sociales, las visitas a la villa… 

-¿No te pagan en tu trabajo? -Romeo soltó una risa suave, cargada de veneno-. Señora Castro, sales temprano y regresas tarde, trabajando tan duro¿Y aún así no te alcanza

17:33 

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Status: Ongoing
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