Capitulo 172
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Capítulo 172
Si ho va a la oficina, buscaré otro momento para pedirselo mañana“, pensó Irene, mientras sopesaba sus opciones.
Romeo la observó con una sonrisa sarcástica que le heló la sangre.
-Ya corriste a María Jesús. ¿No crees que sería una lástima que me fuera a trabajar?
Sus ojos oscuros la estudiaban con cruel diversión, como si pudiera leer cada uno de sus pensamientos, cada pequeño cálculo de rechazo y aceptación que cruzaba por su mente.
Irene frunció sus delicadas cejas, sus ojos claros reflejando involuntariamente los afilados rasgos del hombre frente a ella.
-¿En qué momento la corrí?
Al ver que ella no mordía el anzuelo, Romeo dejó el tema.
-Mañana no vayas a la oficina. Tengo una junta en línea y voy a estar ocupado todo el día.
-Como digas.
rene no ofreció explicaciones. Sabía que a él no le interesaban.
Esa noche, una tormenta azotó Puerto del Oeste con tal fuerza que el grupo Píxel & Pulso anunció trabajo remoto para todo el personal. Romeo se encerró en una videoconferencia internacional que se extendió hasta el amanecer.
Cuando Irene despertó la mañana siguiente, el lado de la cama que ocupaba Romeo estaba helado. Él seguía encerrado en el estudio.
Se levantó, completó su rutina matutina y bajó a preparar el desayuno. Después de un largo rato sin señales de vida del estudio, la preocupación comenzó a roerla. “Debe estar hambriento después de trabajar toda la noche“, pensó. “Si no come algo, su humor va a empeorar. Y si está de mal humor…”
El pensamiento quedó suspendido en el aire. Si su humor se deterioraba, también lo haría su disposición a entregarle el dinero que necesitaba.
Con manos temblorosas, Irene llevó el desayuno hasta el estudio. Sus nudillos rozaron la puerta con un toque casi
mperceptible antes de entrar.
En dos años de matrimonio, las ocasiones en que Romeo trabajaba desde casa podían contarse con los dedos de una mano. Antes, estos momentos la llenaban de una alegría secreta, ver a Romeo en su modo profesional, completamente enfocado, la fascinaba. Siempre inventaba excusas, llevarle café, fruta, leche, cualquier pretexto para colarse en el estudio
Tocaba la puerta con la misma suavidad que ahora, temerosa de interrumpir alguna reunión importante, pero entraba de todos modos. A Romeo le irritaba su presencia; cada vez que aparecía, su rostro se ensombrecía. Pero a ella no le importaba, no podía resistirse.
“Qué patética era“, pensó con amargura. Hoy, si no fuera porque necesitaba algo de él, ni siquiera se habría acercado al estudio.
Las cortinas estaban corridas, y solo una lámpara de escritorio iluminaba la habitación. Su luz caía sobre Romeo como un halo, reflejándose en sus lentes de montura dorada y creando un prisma que ocultaba la expresión de sus ojos.
Apenas había comenzado a colocar el desayuno en el escritorio cuando él levantó la cabeza bruscamente.
-¡Lárgate! -Su voz cortó el aire como un látigo.
Irene se paralizó por un instante, pero se obligó a terminar de dejar el desayuno antes de retirarse.
Al cerrar la puerta, las palabras de Romeo seguían resonando en sus oídos. Nunca lo había visto tan hostil.
Respiró profundo varias veces antes de bajar a desayunar sola. Después, improvisó un espacio de trabajo frente al ventanal
se concentró en revisar los diseños ganadores de concursos anteriores.
El zumbido de su celular contra el piso la sobresaltó. Un número desconocido le había enviado varias fotos.
La primera era una captura de pantalla de una videollamada: Romeo e Inés. Ella sonreía coquetamente mientras él, con la mirada baja, esbozaba una sonrisa casi imperceptible. Las siguientes mostraban a Romeo trabajando concentrado mientras Inés, abrazando a un gato, lo observaba con adoración.
La realidad la golpeó como una bofetada: mientras estaba “demasiado ocupado“, se daba tiempo para coquetear con Inés.
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Podía hacer videollamadas con ella, hacerle compañía virtual, pero no toleraba que su propia esposa le llevara el desayuno.
Le molestará que me vea Inés? ¿O quizás no quiere comer frente a ella?“, las preguntas se agolpaban en su mente.
Algo hizo clic en su interior. Inés debió enviarle estas fotos a escondidas. Romeo no tenía idea.
Sus dedos marcaron el número automáticamente. La llamada apenas sonó una vez.
-Inés, hablemos claro. El diseño de Valle Aureo se lo vas a dejar a Lisa, o estas fotos llegarán directo al celular de Romeo.