Capítulo 168
Lisa jugó su última carta: mencionar a David. Antes había sospechado que entre él e Irene existía algo más que una amistad. Ahora, conociendo su matrimonio, apostaba a que al menos la consideración por David permanecía intacta en el
corazón de Irene.
Y no se equivocó.
Irene permaneció en silencio, sus dedos jugueteando inconscientemente con el borde de su suéter mientras sopesaba sus opciones. El tiempo pareció detenerse antes de que finalmente alzara la mirada.
-Está bien, voy a intentarlo otra vez.
Lisa ocultó su satisfacción tras una máscara de eficiencia profesional.
-Yo hablo con la señorita Núñez, tú nada más agenda una cita con ella.
Apenas la puerta se cerró tras Irene, Lisa ya estaba marcando el número de Inés.
-Ya aceptó seguir con el diseño de Valle Aureo, pero… -Lisa se mordió el labio, dejando que su voz se apagara-. Ay, Inés, me da cosa…
El silencio al otro lado de la línea le indicó que Inés había captado su momento de debilidad.
-¿Y ahora qué te preocupa tanto?
—Es que… ¿te acuerdas de que dijo que su esposo la engañaba? Acabo de verla y traía los labios todos partidos. Seguro fue el marido… ¿y si se casó con un enfermo? O sea, yo pienso…
Lisa titubeó, avergonzada de su propia compasión. Después de todo, ella misma había orquestado el plan para deshacerse
de Irene.
Del otro lado de la línea, el silencio se volvió helado antes de que Inés respondiera con voz cortante.
-¿Y te has puesto a pensar si todo lo que dice es verdad? Ella, que está casada y aun así anda de resbalosa con el presidente Aranda de tu empresa. ¿Esa es la gente que te da lástima?
Qui… quieres decir que ella es la infiel? -La sorpresa hizo que Lisa se enderezara en su silla.
-¡Por favor! Esa mujer no es ninguna santa -La voz de Inés destilaba veneno-. No seas ingenua, te está manipulando para quedarse en la empresa.
Lisa inhaló profundamente, sintiendo cómo su compasión se evaporaba.
-Casi me la creo. Hasta me estaba sintiendo la mala del cuento.
Inés, satisfecha con el giro de la conversación, suavizó su tono.
-Todo lo que hice fue por ti. Si después de esto vas a pensar que yo soy la villana, pues vaya forma de pagarme el favor
-¡No, Inés, no quise decir eso! -Lisa se apresuró a aclarar-. Es que soy medio indecisa… En principio, no soporto a la gente que entra por palancas. Esta vez la que se equivocó fui yo…
-Por cierto la interrumpió Inés-, ¿qué pasó con la diseñadora que te recomendé? ¿Ya la agregaste?
El recordatorio velado de su deuda pendiente hizo que Lisa se sonrojara.
-¡Claro que sí! Justo estaba pensando en consultarle sobre un diseño.
-Perfecto, entonces sigue con eso. -Inés cortó la llamada.
Lisa se reclinó en su silla, inquieta. Algo en toda esta situación le provocaba una sensación extraña en el estómago.
La mención de la otra diseñadora la ponía nerviosa. No se sentía cómoda discutiendo abiertamente con ella, especialmente porque no era del tipo que toma la iniciativa. Después de romper el hielo, habían pasado varios días sin intercambiar mensajes.
“Total, ella ni sabe quién soy yo“, se convenció Lisa antes de escribir: [¿Cómo prefieres que te llame? Tú puedes decirme Chelsea.]
ca usaba ese nombre artístico en el medio; pocos conocían su verdadero nombre. Al usar ese pseudónimo, se sentia segura de que la diseñadora no descubriría su identidad.
18:16
Capituld 168,
trene, que acababa de regresar a su escritorio, no pudo contener una sonrisa agridulce al ver el mensaje.
No podía decir que odiara a Lisa, pero tampoco le inspiraba simpatía. Después de considerarlo un momento, respondió: [Puedes llamarme Lily.]
Lisa inmediatamente abrió una nueva pestaña y buscó diseñadores con el alias ‘Lily‘. Al no encontrar resultados, su convicción de que estaba tratando con algún genio del diseño que prefería mantenerse en el anonimato se fortaleció.
Sin perder tiempo, le envió a Irene el nuevo diseño para Valle Aureo.
[Este es un diseño que hiciste para Valle Aureo. ¿Qué opinas, quedó mejor que el tuyo?]