Capítulo 164
Los dedos de Romeo tamborilearon sobre el escritorio mientras cada palabra escapaba entre sus dientes apretados como un silbido.
-Qué curioso –La ironía goteaba de su voz- ¿No les parece que Irene y David también hacen una linda pareja?
Gabriel sintió que el sudor frío le empapaba la espalda mientras le lanzaba miradas desesperadas a Inés. Ella mantenía una relación más cercana con Romeo, tanto profesional como personal. Quizás podría ayudar a calmar la situación…
Pero para su horror, Inés decidió avivar las llamas.
-¿Qué pasa? ¿Estás celoso? -Una sonrisa juguetona bailaba en sus labios-. ¿O es que nadie te avisó que Llorente y David irían juntos a la exposición?
La sombra en el rostro de Romeo se oscureció aún más, como una tormenta formándose en el horizonte.
-Señora Núñez… -La voz de Gabriel apenas fue un susurro ahogado-. Por favor, ya no siga.
-¿Y por qué no? -Inés mantuvo su tono ligero y casual-. Si fueron juntos a la exposición, seguramente fue por trabajo, no una cita romántica. Yo misma tengo que salir con clientes los fines de semana, es perfectamente normal…
La mirada de Romeo se clavó en ella como un puñal. Las palabras
congelaron en la garganta de Inés.
-No te confundas -La voz de Romeo cortó el aire como una navaja-. Tú no estás en su posición.
El mensaje era claro: Inés podía hacer lo que quisiera, salir con quien le placiera, incluso llevárselo a la cama. Era soltera, después de todo. Pero Irene… Irene era diferente. Era su esposa. La señora Castro.
-Señora Núñez, si ya terminó con la firma y no hay nada más pendiente, puede retirarse–Gabriel intervino apresuradamente-. Todavía tengo asuntos que tratar con el presidente Castro.
El frío que emanaba de Romeo había paralizado a Inés hasta la médula, pero se esforzó por mantener la compostura.
-Entonces me retiro a atender mis pendientes.
Al salir de la oficina, la envidia ardía en su pecho como ácido. ¿En qué eran tan diferentes ella e Irene? ¿Por qué esa
istinción? ¡Irene simplemente había tenido la suerte de atraparlo en matrimonio! Ella no era menos que Irene, ipara nada!
Pero que Romeo se alterara tanto por la cercanía entre Irene y David… eso jugaba a su favor. Esta foto la había conseguido a través de alguien que había contratado para seguir a Irene. Ya no podía seguir enviando evidencia desde números desconocidos como la última vez. Romeo podría ignorar una vez el origen de esa información, pero si se volvía un patrón, comenzaría a investigar.
Por eso había creado esta “coincidencia“. Aunque tampoco podía abusar de ellas. Un brillo calculador iluminó sus ojos oscuros mientras planeaba su siguiente movimiento…
A la una de la tarde, Irene dio por terminado el recorrido por la exposición. Ella y David eligieron un restaurante tradicional del Puerto del Oeste, uno de sus lugares favoritos cuando salía con Natalia.
-David, ¿tienes algo que hacer en la tarde?
David se arremangó el abrigo negro, revelando las líneas elegantes de sus muñecas bajo la camiseta deportiva.
-Estoy libre. ¿Tienes planes? -Sus ojos brillaron con una mezcla de curiosidad y esperanza.
-Solo pensaba que podríamos llevarle a Nati algunos de sus antojitos favoritos de aquí.
Aunque los llamaba platillos, eran más bien bocadillos que Natalia solía pedir para picotear mientras veía sus series.
Una sombra imperceptible cruzó la mirada de David.
Claro, me parece bien.
Terminaron de comer a las dos. En lugar de volver a casa, Irene se instaló en una cafetería cercana. Con meticulosa dedicación, transcribió en su cuaderno todas las ideas y observaciones que había recopilado durante la exposición. Ella y David habían analizado decenas de exhibiciones, una por una, y no quería perder ni un solo detalle.
Cuando finalmente guardó sus notas, la noche había caído sobre la ciudad. El reloj marcaba las siete y media cuando se dirigió al estacionamiento. El viento helado de principios de invierno silbaba entre los edificios mientras conducía de
18:15
Capitulo 164
لم
Regreso a casa.
Acababa de estacionar cuando su celular vibró con un mensaje de David:
trene, el mundo es justo, no te rindas. Siempre contarás con mi apoyo.]
No eran palabras elaboradas ni promesas grandiosas, pero se filtraron en su corazón como un rayo de sol atravesando nubes de tormenta. La luz interior del auto iluminó suavemente su rostro, revelando una sonrisa genuina que se extendía por sus labios.
Sin que ella lo supiera, aquella escena íntima quedó grabada en las pupilas del hombre que observaba desde el ventanal del piso superior de la villa, su silueta recortada contra la oscuridad como una estatua.