Al Mal esposo 160

Al Mal esposo 160

Capítulo 160 

La silueta de Romeo se recortaba contra la ventana mientras se desabrochaba la manga de su camisa con movimientos pausados. Sus ojos, usualmente fríos, se suavizaron por un instante al contemplar a Irene, pero ella mantenía la mirada fija en su laptop, perdida en sus propios pensamientos

-¿No vas a bajar a comer

Sus dedos se detuvieron sobre el teclado. El nudo en su garganta se apretó un poco más

-No tengo hambre

El mensaje de bloqueo en WhatsApp brillaba en su pantalla como un pequeño acto de rebeldía. Ya no quería saber nada de Inés ni de los planos del Valle Aureo. Su eliminación del concurso y la incertidumbre laboral eran suficientes por ahora. El simple hecho de seguir respirando, de no haberse dado por vencida, ya era una victoria silenciosa

Ya no era como ayer, cuando su resistencia nacía del enojo. Ahora, ese vacío en su pecho tenía 

nombre: Romeo

Él se acercó al escritorio, echando un vistazo a los planos arquitectónicos en la pantalla. Sus labios se curvaron en una mueca que pretendía ser comprensiva

-Si no estás a gusto, renuncia. Con ese sueldito miserable lo único que estás haciendo es enfermarte… 

La risa amarga de Irene cortó sus palabras

-¿De verdad crees que tengo el lujo de ser caprichosa? -Sus ojos se clavaron en él con una intensidad que lo hizo retroceder-. ¿Piensas que puedo simplemente dejarlo todo porque no estoy contenta? Entonces esta señora Castro yo no… 

No quiero seguir así¿por qué simplemente no te vas?” 

Las palabras murieron en su garganta. La realidad era clara como el cristal: Romeo no se iría, y ellaella estaba atrapada en una jaula de oro. 

La mano de Romeo se movió como una serpiente, atrapando su mandíbula. Sus dedos fríos se clavaron en su piel mientras se inclinaba hacia ella

-¿Qué ibas a decir? -El músculo en su mandíbula se tensó-. Irene, ¿te he malcriado demasiado? ¿Te he dado demasiada libertad

La amargura se expandió por su pecho. Debió haber seguido adelante con el divorcio, llevarlo hasta las últimas consecuencias. Tal vez solo viendo el ataúd frente a ella aprendería a ser 

obediente

Una sonrisa sarcástica se dibujó en los labios de Irene. ¿Ella era la malcriada

-¡Veo que ni siquiera necesitas que te consuelen! -Romeo la soltó con brusquedad y, después de lanzarle una última mirada cargada de desprecio, desapareció en el baño

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12:30 

Capitulo 160 

Las piernas de Irene cedieron. Se deslizó hasta quedar sentada en la alfombra blanca, sus manos extendidas sobre el suelo como si buscaran algo a qué aferrarse. Sus ojos se nublaron mientras observaba la puerta cerrada del baño

¿Consuelo? Claro que lo necesitaba. Pero no el suyo. Ya no

Con movimientos mecánicos, guardó su laptop en el bolso y se dirigió a la planta baja. Aunque su estómago se revolvía ante la idea de comer, sabía que debía mantener las fuerzas. Podía estar destrozada por dentro, pero no podía permitirse colapsar

La ausencia de Romeo en la cena fue un pequeño respiro. Su enojo debía ser monumental para preferir quedarse en su oficina toda la noche

Cuando regresó a la habitación a la mañana siguiente, solo fue para cambiarse de ropa. Irene se despertó con el ruido de sus pasos, pero mantuvo los ojos cerrados, su espalda vuelta hacia él como un muro invisible

Romeo se vistió en silencio. Ella sintió su mirada clavada en su espalda antes de que saliera, su rostro una máscara de tensión contenida

En el auto, el timbre del celular rompió el silencio de la mañana. La voz de Esteban resonó a través del Bluetooth, melodramática y quejumbrosa

-¡Romeo, no seas así de cruel! Llevo dieciocho horas sin dormir, ¡esto es explotación laboral

Un escalofrío de irritación recorrió la espalda de Romeo

-¡Si no puedes hablar como la gente normal, mejor ahórrate la saliva

-¿Y cómo pretendes que te informe sobre los pacientes si me quedo mudo? -El enfado en la voz de Esteban era palpable-. No entiendo cómo puedes ser tan espléndido con ellas y tan codo conmigo, siendo que ambos somos inversionistas

-¿Codo? -Los nudillos de Romeo se tornaron blancos sobre el volante-. ¿Ya se te olvidó quién compró ese equipo de laboratorio que costó millones? Y… 

El recuerdo de Irene le atravesó como una daga. Otra ingrata más

Esteban, consciente de que había metido la pata, soltó una risita conciliadora

-Va, va, hablemos en serio. El paciente que me mandaste es un caso complicadísimo

12:30

Al Mal esposo

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Status: Ongoing
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