Capítulo 155
Romeo tensó la mandíbula, su paciencia agotándose con cada segundo.
-Si te dicen que vayas, vas y punto.
Sin esperar respuesta, giró sobre sus talones y se internó en el pasillo de la derecha. En lugar de bajar, se dirigió al área de fumadores. Sacó un cigarro con movimientos precisos y comenzó a fumar lentamente, observando cómo el humo dibujaba espirales en el aire.
Apenas habían pasado unos minutos cuando Gabriel emergió del elevador, levantando la mano para tocar la puerta del pasillo. Al ver a Romeo, se acercó con paso apresurado.
-Presidente Castro, es sobre Daniel. Su condición es grave.
Romeo exhaló una delgada línea de humo que enmarcó sus rasgos aristocráticos.
-¿Qué dice el médico?
Gabriel dejó escapar un suspiro cargado de preocupación.
-Aunque el doctor Bravo es competente, el caso de Daniel es más complejo que el de sus pacientes habituales. No quiere arriesgarse… teme que un escándalo manche su trayectoria.
“Algunas enfermedades requieren correr riesgos“, pensó Romeo. Un tratamiento conservador evitaría problemas, sí, pero reduciría las posibilidades de recuperación. En otras palabras, Emilio no iba a tratar a Daniel pensando en curarlo, sino en proteger su reputación.
Romeo sacudió la ceniza de su cigarro con un movimiento brusco. Su mirada se tornó
calculadora.
-¿Cómo está ella?
-La señora está destrozada. Le suplicaba a Emilio que curara a Daniel de alguna manera, pero él solo le daba evasivas.
El recuerdo de Irene hizo que el corazón de Gabriel se encogiera.
-Presidente Castro, ¿no piensa bajar a verla?
Romeo tragó saliva, su manzana de Adán moviéndose visiblemente.
-Si los reporteros nos captan, todo el asunto de Daniel volverá a salir a la luz. Eso no les
conviene.
El caso de Daniel había sido mediático. Aunque las noticias ya no circulaban en internet, la gente no olvidaba. Si por su culpa Daniel volviera a estar en el ojo público, los rumores serían lo de menos. El verdadero peligro sería que algún extremista decidiera tomar justicia por su propia mano.
-Tiene razón, no lo consideré.
-Contacta a Esteban Morales. -Romeo aplastó el cigarro con más fuerza de la necesaria-.
Capitulo 155
Dile que regrese. Y que sea discreto.
Antes de que Gabriel pudiera responder, el sonido de tacones anunció la llegada de Inés.
-Romeo, si haces que Esteban vuelva, ¿qué va a pasar con Carmen?
La mirada indiferente de Romeo se posó en ella.
-Carmen ya está estable. No necesita a Esteban pegado a ella todo el tiempo.
-¿Y si tiene otra crisis?
-Que regrese ella también. Así estará más cerca de Esteban.
-Pero… -Inés se detuvo al percibir la impaciencia emanando de Romeo como ondas de calor-. El cuerpo de Carmen no aguanta viajes largos. Mejor que se quede donde está por
ahora.
Romeo arrojó la colilla al bote de basura.
-Tú encárgate del regreso de Esteban.
Se alejó con pasos firmes, Gabriel siguiéndolo de cerca.
-¿A dónde va ahora, Presidente?
-Concéntrate en lo tuyo. No te preocupes por mí.
Las puertas del elevador se cerraron tras él, ocultando gradualmente sus rasgos impasibles.
Inés permaneció inmóvil hasta que los pasos se perdieron en la distancia. Sus manos se cerraron en puños tan apretados que sus nudillos se tornaron blancos. Con un movimiento violento, pateó el bote de basura.
-Siempre tú, Irene. ¿Por qué le quitas el doctor a Carmen?
Sus palabras destilaban veneno.
-¡Todo por un maldito asesino! ¿Para qué salvarlo?
-¡Que se muera y ya!
Aunque su odio se dirigía a Daniel, su furia tenía un solo objetivo: Irene. ¿Por qué el hermano de Irene ahora ocupaba un lugar más importante en el corazón de Romeo que Carmen? ¿Cómo era posible que justo cuando ella y Romeo llegaron al hospital, se toparan con Irene?
“Seguro lo planeó todo“, pensó con amargura. “Debe temer que haga trampa en el concurso Design Space“.
Una sonrisa cruel se dibujó en sus labios. Irene no tenía idea… ella ya había hecho todos los arreglos necesarios. No permitiría, bajo ninguna circunstancia, que Irene se saliera con la suya
a sus expensas.