Al Mal esposo 15

Al Mal esposo 15

Capítulo 15 

El aire acondicionado de la oficina zumbaba suavemente mientras Irene tomaba los documentos de la mesa. Sus dedos temblaban ligeramente, pero con un movimiento deliberadamente controlado, los depositó en los brazos de Inés. Sin romper el contacto visual, sacó su celular y capturó un par de fotografías con precisión quirúrgica

La garganta le ardía, como si hubiera tragado brasas, pero mantuvo la compostura. Sus ojos, fijos en los de su rival, reflejaban una frialdad que contrastaba con el torbellino de emociones que la consumía por dentro

-Los documentos ahora son responsabilidad de la señora Núñez. Si algo sale mal después, no tiene nada que ver conmigo

El peso de cada palabra caía como plomo en el silenció de la oficina. ¿En qué momento había perdido el derecho de enfrentarse a Inés? La mujer frente a ella, con su perfecta sonrisa y su impecable traje sastre, emanaba esa confianza que solo da saberse la favorita. Pero Irene lo sabía mejor que nadie: para Romeo, ella no era más que una molestia, un recordatorio incómodo de promesas rotas

A pesar del ambiente temperado de la oficina, un escalofrío le recorrió la espina dorsal, extendiéndose como veneno desde el fondo de su corazón hasta la punta de sus dedos. Sus tacones resonaron contra el piso de mármol mientras se dirigía al elevador, cada paso un recordatorio de su dignidad herida

La luz del mediodía la golpeó como una bofetada al salir del edificio, pero ni siquiera el calor del sol lograba disipar ese frío que se le había instalado en los huesos. Se detuvo en medio de la acera, ignorando el ir y venir de la gente. Sus labios se curvaron en una sonrisa amarga, casi dolorosa

Los recuerdos la asaltaron sin piedad: los encuentros furtivos de Romeo e Inés en aquel hotel de lujo eran solo la punta del iceberg. Lo que realmente le revolvía el estómago era imaginarlos en la sala de descanso de la oficina, ese espacio que ella misma había decorado 

con tanto esmero

El conocimiento de la infidelidad de Romeo no era nuevo, pero ver las pruebas tan contundentes frente a sus ojosdebería haberse inmunizado ya contra ese dolor. Sin embargo, esta angustia era diferente, más profunda que el simple recordatorio de que Romeo no la amaba. Era como si le hubieran arrancado algo vital, dejando solo un vacío palpitante en su lugar

El timbre insistente de su celular cortó el hilo de sus pensamientos. Sus dedos temblorosos desbloquearon la pantalla

-¿Bueno

-Irene, necesito que vengas a casa

La voz de su padre, César Llorente, sonaba como siempre: autoritaria, inflexible, sin espacio 

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Capítulo 15 

para negativas. Irene cerró los ojos por un momento, sopesando sus opciones. Tenía 

programado tocar el piano en el restaurante esa tarde, y siendo sábado, no había entrevistas pendientes

Sus hombros se hundieron bajo el peso de la derrota

-Está bien

Las palabras salieron automáticas, vacías. En el fondo, la sola idea de volver a casa le provocaba náuseas

Romeo se ajustó la corbata con satisfacción mientras contemplaba su reflejo en el ventanal de la sala de juntas. En lugar de posponer la reunión, la había adelantado deliberadamente. Hacer esperar a Irene era parte de su estrategia: cada minuto de incertidumbre serviría para erosionar esa nueva rebeldía que tanto le irritaba

Una reunión que debería haber durado cincuenta minutos se extendió a dos horas entre discusiones innecesarias y divagaciones calculadas. Cuando finalmente concluyó, el reloj 

marcaba mediodía

Se quitó las gafas que le oprimían el puente de la nariz, masajeándose el entrecejo con movimientos precisos. Sin prisa alguna, como si el tiempo le perteneciera, se dirigió hacia su 

oficina

-¡Presidente Castro

El gerente financiero corría hacia él con una carpeta en la mano, el sudor perlando su frente

-Aquí hay un documento que requiere su firma urgente

Gabriel, su asistente, intervino con rapidez

-Vaya manera de ahorrar tiempo, ¿aprovechando la reunión para que el presidente Castro firme? El presidente tiene asuntos más importantes, entréguelo por la tarde

El rostro del gerente financiero se descompuso, su intento de eficiencia convertido en una mueca de frustración. Romeo, sin embargo, se detuvo con una sonrisa enigmática

-¿Cuál es la prisa

Firmó el documento con estudiada calma y se lo devolvió al gerente antes de reanudar su camino. Sus pensamientos volvieron a Irene. Esperaba no encontrarla llorando; detestaba ver a las mujeres llorar, especialmente cuando él era la causa

Abrió la puerta de su oficina con la confianza de quien sabe que tiene el control. Su mirada recorrió el espacio, tornándose indiferente al instante. El sofá donde esperaba encontrarla estaba vacío, al igual que el espacio junto a la ventana

Ruidos tenues se filtraban desde la sala de descanso. Frunció el ceño, irritado. ¿Acaso Irene se había atrevido a entrar sin su permiso? Los últimos días habían sido especialmente 

Capítulo 15 

estresantes, y la botella de whisky en la sala de descanso era testigo silencioso de sus momentos de debilidad. Si ella la veía, podría pensar que estaba bebiendo por ella- 

Romeo

Inés emergió de la sala de descanso, su expresión transformándose en sorpresa al notar su 

mirada furiosa

-¿Qué pasa

Romeo, que ya había avanzado hacia la puerta, contuvo su ira con el mismo cuidado con que ajustaba sus gemelos cada mañana

-¿Qué haces aquí

Una sonrisa calculada se dibujó en los labios de Inés

-Vine a cuidar tu imagen. Esta tarde hay una conferencia de prensa. Llevé tu ropa a la tintorería y ordené un poco tu sala de descanso. Por muy ocupado que estés, debes cuidarte. La empresa y yo dependemos de ti

-¿A qué hora llegaste? -sus ojos se estrecharon-. ¿Había alguien en la oficina cuando 

entraste

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