Capítulo 146
Los ojos de Inés brillaron con determinación mientras se inclinaba ligeramente sobre el
escritorio. Sus dedos tamborileaban suavemente sobre la superficie pulida mientras preparaba sus palabras.
-Ya hice la reservación en el restaurante. -Una sonrisa calculada se dibujó en sus labios-. De hecho, quería comentarte sobre la salud de Carmen.
Romeo levantó la vista de los documentos que revisaba. La mención de Carmen Núñez tensó visiblemente sus hombros. Sus ojos, habitualmente fríos, mostraron un destello de interés que no pasó desapercibido para Inés.
-De acuerdo -respondió secamente, aunque el ligero temblor en su voz traicionaba su aparente indiferencia.
La sonrisa de Inés se ensanchó, iluminando su rostro con un brillo triunfal.
-Nos vemos al mediodía entonces.
“¡Lo logré!“, pensó mientras su corazón latía aceleradamente. La facilidad con la que Romeo cedía a sus peticiones solo podía significar una cosa: ella era especial para él. Sus ojos se suavizaron mientras lo observaba trabajar, absorto en sus documentos, ajeno a la intensidad
de su mirada.
Después de unos momentos de contemplación, Inés se dirigió con paso decidido a la oficina de Gabriel. El sonido de sus tacones resonaba contra el piso de mármol, marcando un ritmo
constante y seguro.
-Gabriel. Se detuvo frente a su escritorio y procedió a explicarle detalladamente el asunto mientras extraía una nota de su bolso-. Este es el contacto de mi amiga en WhatsApp.
Gabriel fotografió rápidamente el número con su celular.
-Sí, señora Núñez.
Inés se mordió ligeramente el labio inferior antes de preguntar, con fingida casualidad:
-¿Romeo está considerando expandirse al mundo del diseño?
La coincidencia era demasiado evidente para ignorarla: justo cuando Irene se había convertido en diseñadora, Romeo había invertido en un importante concurso del ramo. No podía ser casualidad.
Gabriel dejó escapar un suspiro de frustración mientras se aflojaba ligeramente la corbata.
-Los planes del presidente Castro son un misterio incluso para mí. Últimamente, es cada vez más difícil interpretar sus intenciones.
Inés esbozó una sonrisa enigmática y, tras recordarle que no olvidara hacer la conexión, salió de la oficina. Sin embargo, la inquietud se había instalado en su mente como una espina molesta. Apenas cerró la puerta de su propia oficina, tomó su teléfono y marcó al coordinador
10
12:28
nacional del concurso Design Space.
-Necesito que revises si hay alguna participante llamada Irene. Quiero toda la información disponible–ordenó sin preámbulos.
El poder del dinero de Alquimia Visual, que cubría un tercio del patrocinio del evento, fue suficiente para que el coordinador accediera sin cuestionamientos.
Diez minutos después, Inés examinaba en su correo los datos de dos participantes llamadas Irene. La inscripción en línea, que solo requería el número de identidad, revelaba únicamente el género y la edad de las concursantes. Una tenía treinta y cinco años; la otra, veinticinco.
Sus labios se curvaron en una sonrisa satisfecha mientras sus dedos tecleaban una respuesta rápida al coordinador: ambas Irenes debían ser eliminadas de la competencia. Sin siquiera revisar sus diseños, el poder del dinero había sellado su destino.
El sol del mediodía castigaba las calles cuando Irene salió del trabajo. Su estómago protestaba por el almuerzo perdido mientras Lisa la conducía hacia Alquimia Visual. Durante todo el trayecto, Lisa no dejaba de revisar su celular con impaciencia.
-¿Por qué no me ha agregado todavía? -murmuraba constantemente, más para sí misma que para su acompañante.
Irene la observó de reojo.
-¿Estamos esperando a alguien? -preguntó con cautela.
-Sí. Lisa asintió secamente, sin ofrecer más explicaciones.
La tensión entre ambas era palpable. Aunque Lisa ya no la miraba con la hostilidad inicial, su desaprobación por tenerla como asistente era evidente en cada gesto, en cada silencio. Consciente de su posición, Irene optó por no insistir.
Media hora después, el auto se detuvo frente al imponente edificio de Grupo Alquimia Visual. La estructura se alzaba como un gigante de cristal y acero, proyectando una sombra que engullía la luz del mediodía. Irene alzó la vista, permitiendo que sus ojos recorrieran la fachada por unos segundos antes de apartar la mirada y seguir a Lisa al interior del restaurante.
Lisa, familiarizada con el lugar, las guio directamente hacia la sala privada en el segundo piso. Al final del pasillo, la puerta entreabierta dejaba escapar el murmullo de una conversación
intima.
-Romeo, no puedo vivir sin ti… por favor, no me dejes sola en esto.
El cuerpo de Irene se paralizó. Lisa, unos pasos adelante, se giró hacia ella llevándose un dedo
a los labios.
-Mejor esperamos aquí -susurró.
A través de la rendija de la puerta, la luz dibujaba las siluetas de dos personas fundidas en un
12:28
Capítulo 146
abrazo. Irene, incapaz de apartar la mirada, sentía como si cada segundo se estirara dolorosamente.
-No te voy a abandonar. -La voz de Romeo, usualmente fría y distante, se había suavizado hasta volverse casi irreconocible-. Solo mantente fuerte. Estaré siempre a tu lado…
El sonido de la tela rozando contra la tela indicó que Romeo se había separado. Con un gesto de ternura que Irene jamás le había conocido, extrajo un pañuelo de su bolsillo y secó
delicadamente las lágrimas de Inés.
12.30