Capítulo 145
Irene abrió su bandeja de correo y le mostró a Lisa el diseño original que había enviado a Inés. La evidencia era innegable: las diferencias saltaban a la vista.
Lisa se removió incómoda en su silla de cuero, evitando hacer contacto visual.
-Este… mejor hablo otra vez con la señorita Núñez. Tú sigue con lo tuyo.
-Si la señorita Núñez tiene algún problema conmigo -Irene mantuvo un tono profesional pero firme-, tal vez deberías asignarle el proyecto a alguien más.
El concurso de Diseño Espacial ya consumía la mitad de su energía mental, y estas distracciones solo entorpecían su ritmo creativo. No necesitaba más obstáculos en su
camino.
Lisa jugueteó con un bolígrafo sobre su escritorio, considerando sus opciones.
-Yo… me encargo de hablar con ella.
La inusual amabilidad de Lisa tomó a Irene por sorpresa.
-Gracias.
-Ya puedes retirarte -Lisa agitó la mano en un gesto de despedida, todavía evitando su mirada, incapaz de corresponder al agradecimiento.
En cuanto la puerta se cerró tras Irene, Lisa sacó su celular y marcó rápidamente el número de Inés. Sus dedos tamborileaban nerviosamente sobre el escritorio mientras esperaba.
-Señorita Núñez, Irene tiene los correos con los diseños originales. No va a funcionar acusarla así como así.
La voz de Inés, al otro lado de la línea, mantuvo su calma habitual, sin rastro de preocupación por haber sido descubierta.
-Pues entonces no estoy satisfecha con sus diseños. Que los haga de nuevo.
Lisa sintió que se le secaba la garganta.
-La última vez quedamos en que mejor lo dejábamos así.
-¿Dejar qué? -el tono de Inés se volvió cortante-. ¿No te preocupa que alguien que va a representar tu imagen profesional no esté a la altura? ¿Que te haga quedar mal?
La pregunta dio en el blanco. En el competitivo mundo del diseño, la reputación lo era todo. No solo importaba mantener una imagen impecable, sino también asegurarse de que quienes trabajaban bajo tu supervisión estuvieran a la altura.
Lisa se debatía entre su sustento económico y su integridad profesional. Sus dedos jugueteaban nerviosamente con el cable del teléfono.
-Oye, Inés, ¿qué te parece si mejor investigas sobre el diseñador que está decorando tu casa?
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Capítulo 145
Y después… podemos seguir trabajando juntas.
No podía ignorar el trabajo realizado en Valle Aureo, era demasiado bueno para pasarlo por alto.
-Va -respondió Inés sin dudar-. Voy a preguntar. Pero vengan tú e Irene a mi oficina en la tarde. Yo misma le diré que no me convence su trabajo, así tú no quedas mal.
-¡Perfecto! -el alivio en la voz de Lisa era palpable.
Inmediatamente, abrió WhatsApp y le envió un mensaje a Irene sobre la reunión de la tarde con Inés. La respuesta tendría que esperar; Irene seguiría atada a este proyecto quisiera o no.
En su escritorio, Irene se masajeó las sienes con dedos delicados. No tenía más remedio que
aceptar.
En las oficinas de Alquimia Visual, Inés sostenía un informe mientras tocaba la puerta del despacho presidencial. La madera pulida resonó bajo sus nudillos.
-Adelante.
La voz grave y magnética de Romeo atravesó la puerta. Inés entró con paso decidido y colocó el informe sobre el escritorio.
-Romeo, ¿desde cuándo te interesa tanto el diseño?
El documento que le presentaba estaba relacionado con el concurso Diseño Espacial, requiriendo la autorización y el presupuesto firmados por Romeo.
-Un capricho -respondió él, evasivo.
Inés captó la evasión pero decidió ignorarla.
-¿Quién hizo el diseño de tu casa en Valle Áureo?
Romeo le devolvió los documentos ya firmados, su rostro impasible.
-Si no te gusta, ¿para qué preguntas tanto?
-Es que una amiga quedó fascinada con ese estilo -Inés esbozó una sonrisa calculada mientras recogía los papeles-. Anda, hazme ese favor.
Romeo frunció ligeramente el ceño. Nunca había prestado especial atención a la decoración; esos detalles no le parecían relevantes. Sin embargo, si Irene se había esforzado tanto en ello, quizás había algo que se le estaba escapando.
-Dile a Gabriel que te pase los datos de contacto. Él se encarga.
-Sale. ¿Qué te parece si vamos a comer? Yo invito, para agradecerte lo de mi renuncia y este favorcito.
Mientras hablaba, Inés observaba cuidadosamente las reacciones de Romeo, calibrando cada
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palabra, cada gesto, como un depredador estudiando a su presa.
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