Al Mal esposo 136

Al Mal esposo 136

Capítulo 136 

Irene no soportó el parloteo incesante de Yolanda ni hasta el centro. En la primera parada de autobús que vio, se bajó del auto sin pensarlo dos veces. La libertad sabía a aire fresco

Tomó el autobús hasta el centro, donde compró algunas frutas y bocadillos antes de tomar un taxi a la villa Castro. Cuando llegó, el reloj marcaba casi las doce

Milagros, que ya la esperaba, había ordenado a la cocina preparar todos sus platillos favoritos. Solo faltaba una sopa, así que ambas mujeres se acomodaron en la sala para platicar mientras esperaban

La matriarca de los Castro se inclinó hacia adelante, sus ojos llenos de preocupación maternal. -Irene, honesta con tu abuelaRomeo¿tiene algún problema

Esa misma mañana, Romeo se había sometido a unos estudios médicos, pero los resultados aún no estaban listos. La incertidumbre carcomía a Milagros. ¿Será que el médico de la familia ha estado rellenando los informes anuales sin hacer las revisiones como debe?“, se 

preguntaba

Irene se removió incómoda en su asiento. ¿Cómo explicarle a una señora mayor estos temas 

taníntimos

-No es que tenga problemas-murmuró, su voz apenas audible

El rostro de Milagros se ensombreció

-Tu cara lo dice todo. Algo no anda bien

-¡No, no es eso! -Irene negó enérgicamente con la cabeza

Pero esas pocas palabras bastaron para que Milagros llegara a sus propias conclusiones

-Ha de ser algo menor… quizás solo necesite un refuerzo. ¡Eso es, hay que fortalecerlo

Se levantó de un salto y se dirigió hacia la cocina

-¡María Jesús, ven acá! Necesitamos replantear el menú de ahora en adelante

María Jesús, quien ese sábado se había quedado en la villa Castro en lugar de ir a casa de Romeo e Irene, apareció secándose las manos con el delantal

-Usted dirá, señora

-Una sola palabra: fortificación -declaró Milagros con determinación-. Prepara una sopa de cola de res para esta noche. Y de esas bayas silvestres que compramos la otra vez, échale 

medio kilo… 

Un tic nervioso apareció en la comisura de los labios de Irene. Con cada nueva instrucción, el terror crecía en su interior. Y no era por Romeoera por ella misma. Si sin refuerzosya la mantenía despierta toda la noche, con estimulantes… 

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Capítulo 136 

Sus piernas comenzaron a temblar sin control

-Ay, esta preocupación me va a matar -suspiró Milagros, regresando al sofá. Pobrecita IreneRomeo debió sacar esto de su madre, porque en la familia Castro nunca habíamos tenido estos problemas… 

-Abuela, de verdad que él está bien

Irene apenas podía concentrarse, su mente fija en la potente sopa que estaban preparando

Milagros interpretó sus palabras como un intento de proteger el orgullo de su nieto

-No tienes que defenderlo conmigo, mi niña

-¿Defender qué

La voz gélida de Romeo cortó el aire como un cuchillo. Irene se tensó instantáneamente. Al girar, lo encontró de pie detrás de ellas, impecable en su traje oscuro. “¿No se suponía que estaría en la oficina?, pensó

-¿Defender qué? -repitió Milagros, mirándolo con desaprobación maternal. ¡Qué desperdicio de cara tan guapa si no puede dar descendencia a la familia Castro!” 

Romeo lucía agotado. Había pasado la noche anterior en vela en su estudio, y después de que lo arrastraran a hacerse los estudios esa mañana, había decidido descansar un rato en la villa. Irene se puso de pie abruptamente

-Abuela, voy a ver si ya está la comida

Pero su escape estratégico no impidió que Milagros continuara con el tema

-Mi nieto, tienes que tratar bien a Irene. Si haylimitaciones físicas, compénsala en otras cosas. Dale sorpresas, regalitosSi aprendieras aunque sea la mitad de lo que sabe tu padre sobre complacer a una mujer… 

Romeo permaneció de pie tras el sofá, sus manos aferradas al respaldo. Sus ojos seguían fijos en el espacio vacío donde Irene había estado sentada, el aire aún perfumado con su aroma a gardenia. Su mirada recorrió la silueta de su esposa mientras se alejaba, el top negro abrazando cada curva de su cuerpo, delineando su cintura estrecha

Era delgada, estilizaday tentadora. Tantas noches había perdido el control con ella, tantas veces la había escuchado rogarle que parara¿Y ahora circulaban rumores de que no estaba bien

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