Capítulo 133
Irene dio media vuelta en las escaleras. Esta vez no subiría al cuarto piso.
Con el corazón latiendo acelerado, tomó el camino hacia la puerta trasera del primer piso. Sus pasos resonaban contra los escalones mientras descendía a toda prisa, como si cada segundo
contara.
Apenas logró subirse a un taxi frente al hospital cuando su celular comenzó a vibrar sin cesar. Era Yolanda. Había desbloqueado su número por si surgía alguna emergencia con Daniel, pero ahora las llamadas entraban una tras otra, sofocándola.
El taxista la observaba por el retrovisor, sus ojos encontrándose brevemente con los de ella.
-¿No va a contestar, señorita?
Irene apretó el celular entre sus manos temblorosas.
-Es acoso telefónico.
Con dedos temblorosos, volvió a bloquear el número de Yolanda. Pero la paz duró poco. Su WhatsApp comenzó a inundarse de mensajes:
[¿Cómo puedes ser tan malagradecida? Tu papá está furioso y aún así quiere ver por tu futuro.]
[Si la familia Castro te bota, ¿qué hombre decente va a querer los sobrados de otro?]
[No seas inconsciente, vas a tener hijos tarde o temprano. ¡No puedes descuidar tu salud así!]
Por primera vez en mucho tiempo, Irene no se quedó callada. Sus dedos teclearon una respuesta cortante:
[No tengo ningún problema de salud.]
En el hospital, Yolanda le extendió el celular a César, sus manos temblando ligeramente.
-Mi amor, mira lo que contestó Irene. Si hubiera algún problema, se habría detectado cuando se casó con los Castro. ¿No será que el problema viene de otro lado?
La furia hacía palpitar las sienes de César. Sus ojos inyectados de sangre se clavaron en Yolanda.
-¡Me importa un carajo de dónde venga el problema! ¡Necesito que quede embarazada de un Castro ya!
El sudor perlaba la frente de Yolanda mientras retorcía nerviosamente su bolso entre las
manos.
-¿Y cómo esperas que logre eso? Además, si ya decidieron divorciarse, ¿tú crees que un embarazo los va a detener?
-Por lo menos tendría derecho a una pensión. Con lo que los Castro le darían de pensión, sería más de lo que genera la empresa en un año.
12:26
Capítulo 133
César se dirigió hacia la salida del hospital, sus pasos pesados resonando contra el piso.
-Entre Daniel así y esta ingrata desobediente… ¿tú qué diablos estás haciendo como madre? Si no arreglas esto, ¡te me largas de la familia Llorente!
-Mi amor, por favor, yo voy a encontrar una solución, no te preocupes… No puedes ser así después de más de veinte años juntos…
Los sollozos de Yolanda lo persiguieron por el pasillo.
Eran casi las ocho cuando Irene por fin llegó a casa. El primer piso estaba en silencio y oscuro; María Jesús ya se había ido.
Desde abajo podía ver un hilo de luz escapando por la puerta entreabierta del dormitorio en el segundo piso. El auto de Romeo estaba en el patio, señal inequívoca de su presencia. Sin embargo…
Apretó los labios y bajó a prepararse una cena sencilla.
A mitad de su solitaria cena, el crujir de pasos en la escalera la alertó de su presencia. Romeo apareció vistiendo un pijama de satén gris oscuro que acentuaba su figura alta y esbelta. Sus lentes de montura dorada descansaban sobre su nariz recta, enmarcando unos ojos estrechos que destilaban frialdad.
Irene levantó la mirada hacia él.
-Fui al hospital a ver a Daniel. Por eso llegué tarde.
-Ajá.
La respuesta de Romeo fue distante mientras se dirigía a la cafetera. Internamente se burlaba: “¿A ginecología a ver a Daniel?” Sabía perfectamente que había ido a una revisión médica, y no por iniciativa propia.
Después de todo, llevaba dos años tomando medicamentos anticonceptivos, por eso no había logrado embarazarse. Pero ahora que buscaba un ascenso, repentinamente mostraba interés en quedar embarazada. Por eso había accedido a ir al hospital con la gente de los Llorente, buscando “ajustar su salud” para concebir lo antes posible.
“Si tanto lo desea…” pensó Romeo con malicia, “¿por qué complacerla?”
Preparó su café con movimientos pausados y precisos. Al pasar junto a ella rumbo a las escaleras, se detuvo. El aroma del café recién hecho flotó entre ambos como una cortina
invisible.
-Por cierto… ¿has estado tomando tus medicamentos últimamente?
Irene acababa de terminar su sopa. La cuchara tintineó suavemente contra el tazón mientras
bebía el último sorbo del caldo.
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