Capítulo 130
-¿Por qué no llevaste a Irene a su casa?
David guardó el celular en el bolsillo de su saco, su rostro tenso bajo la luz tenue del auto.
-No es prudente.
Natalia puso los ojos en blanco mientras descendía del vehículo. La brisa nocturna agitó su cabello mientras mascullaba entre dientes.
-¿Prudente? Lo que pasa es que no confías en ti mismo. Mira nada más, dejando que se vaya sola en taxi a estas horas, mientras el cretino de Romeo ni siquiera se molesta en ir por ella…
Sus palabras se perdían en la noche mientras David la seguía por las escaleras, el dolor punzante en sus sienes intensificándose con cada paso.
Al llegar al segundo piso, David se detuvo frente a la puerta del estudio. La madera oscura parecía llamarlo con promesas de trabajo pendiente.
-Me voy a adelantar unos pendientes. Tú descansa.
-¡No te vayas a desvelar! -Natalia ahogó un bostezo mientras empujaba la puerta de su recámara-. Siempre me tienen con el Jesús en la boca, ustedes dos…
El clic de la puerta al cerrarse resonó en el pasillo vacío.
En la soledad de su estudio, David encendió la computadora. La pantalla iluminó su rostro mientras revisaba asuntos pendientes del Grupo Aranda. Sus dedos se detuvieron un momento antes de teclear el título del correo: “Patrocinio para la Competencia Nacional Design Space“.
“El reglamento es claro“, pensó mientras sus ojos recorrían el documento. Design Space prohibía el patrocinio de compañías de diseño para mantener la imparcialidad. Sin embargo, Grupo Aranda podría… Sus labios se curvaron en una sonrisa apenas perceptible. Aún quedaban varios patrocinios por definir, y si jugaba bien sus cartas, podría tener la última palabra.
La decisión provocó un terremoto en Grupo Aranda. Los accionistas, veteranos del negocio que no veían conexión alguna con el mundo del diseño, bombardearon el teléfono de su padre, presionando para que detuviera esta locura.
El caos resultante lo mantuvo alejado de Estudio Píxel & Pulso durante días.
Mientras tanto, Irene esperaba poder compartirle su decisión de participar en la competencia. Pero los días pasaban sin señales de David.
El viernes por la tarde, apenas había guardado sus cosas para salir de la oficina cuando su celular vibró. El nombre de Yolanda brilló en la pantalla.
-¡Ven a ver a Dani, rápido! -La voz entrecortada de su madre se quebró antes de cortar la llamada.
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Capítulo 130
El corazón de Irene dio un vuelco. Aunque el cuidador de Daniel tenía su contacto, las emergencias siempre pasaban primero por César o Yolanda. Sus tacones resonaron contra el pavimento mientras corría hacia la avenida para detener un taxi.
La recepcionista del piso donde estaba Daniel la interceptó apenas puso un pie fuera del
elevador.
-Señorita Llorente, tenemos órdenes estrictas del doctor. No se permiten visitas.
-¿Cómo está mi hermano? -El pecho de Irene subía y bajaba, agitado por la carrera desde la entrada del hospital.
La enfermera esbozó una sonrisa tranquilizadora.
-No se preocupe. El tratamiento está mostrando resultados positivos. Pero justo por eso debemos ser más cautelosos. El doctor les avisará cuando puedan visitarlo.
La confusión nubló la mente de Irene. Si Daniel no podía recibir visitas, ¿por qué la urgencia de su madre?
-¡lrene, por acá!
Yolanda emergió del elevador como una tormenta, su sonrisa demasiado brillante mientras prácticamente arrastraba a Irene de vuelta al cubículo metálico.
-¿No dijiste que viniera a ver a Dani? -Las puertas se cerraron tras ellas con un siseo.
-Dani está bien, te llamé por otra cosa. La sonrisa forzada de Yolanda hizo que Irene contuviera un suspiro.
Era el patrón de siempre. Después de cada pelea, cada grito, cada recriminación, su madre nunca se disculpaba. En cambio, inventaba pretextos para verla, actuando como si nada hubiera pasado. Y ahora había usado a Daniel como señuelo.
El elevador se detuvo en el cuarto piso. Las puertas se abrieron revelando un letrero que hizo que el estómago de Irene se contrajera: “Ginecología y Obstetricia“.
16:34
Cuando le darán algo de dignidad a esta mujer??