Capítulo 125
Irene se secó las manos inconscientemente en el delantal. Sus dedos temblaban ligeramente mientras corría hacia el salón para alcanzar su celular. El nombre de Romeo brillaba en la pantalla, provocándole un nudo en el estómago.
Llevó su dedo índice a los labios, indicando a Natalia que guardara silencio, y se escabulló hacia el balcón. El aire fresco de la noche le acarició el rostro mientras deslizaba el dedo sobre la pantalla para contestar.
-¿Dónde andas? -La voz de Romeo sonaba aparentemente relajada, pero Irene detectó ese tono controlador que tan bien conocía, ese que siempre la hacía sentir como una niña siendo interrogada.
Sus dedos comenzaron a jugar nerviosamente con un mechón de cabello negro. Sentía la garganta seca.
-Me quedé trabajando hasta tarde.
Romeo soltó un sonido nasal, apenas audible.
-Mhm.
El silencio que siguió fue tan denso que Irene tuvo que apartar el teléfono para verificar que la llamada seguía activa. El pequeño contador de segundos seguía corriendo.
-Si no ocupas nada más, voy a colgar.
-¿A qué hora sales? Paso por ti -dijo Romeo, como si fuera lo más natural del mundo.
Irene se quedó paralizada. Su mente intentaba procesar lo que acababa de escuchar. ¿Romeo ofreciéndose a recogerla? En todos sus años juntos, jamás…
-¿Qué? -La pregunta se le escapó antes de poder contenerla.
-En media hora bajo por ti -El tono de Romeo se había vuelto cortante, impaciente.
Irene apretó el teléfono con más fuerza. Su corazón latía acelerado, pero no de emoción, sino de ansiedad.
-No hace falta.
Era la primera vez que él se ofrecía. Y la primera vez que ella se negaba.
-¿No hace falta? -La voz de Romeo destilaba incredulidad, seguida de una risa seca—. Perfecto, arréglatelas como puedas entonces.
La llamada terminó abruptamente.
Romeo arrojó el celular sobre su escritorio, furioso. María Jesús le había comentado que Irene trabajaría hasta tarde, y por un momento, un impulso extraño lo había llevado a querer recogerla. Y ella lo había rechazado. Su molestia inicial se transformó en una sonrisa
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sarcástica.
“¿Esperabas que te rogara?“, pensó mientras agarraba las llaves de su auto. “Pues te quedarás con las ganas.”
Salió de la oficina dando grandes zancadas, directo hacia su casa. Media hora después, mientras sacaba el celular del bolsillo en la entrada del edificio, se detuvo en seco. Sus ojos se oscurecieron al ver las imágenes que acababan de llegar.
La primera: Irene subiendo al auto de David. La segunda: Los dos entrando a Colinas Verdes. La tercera, tomada a través de una ventana: Irene y David en la cocina, cocinando juntos.
Las venas de su mano se marcaron mientras apretaba el celular con fuerza. Sus dientes
rechinaron de rabia.
“Con razón no necesitabas que te recogiera“, pensó, la furia hirviendo en su interior. “Te andas escabullendo.”
Después de colgar, Irene sintió una inquietud que le carcomía las entrañas. Al regresar a la cocina, encontró a David terminando de preparar el último platillo.
-Ya podemos cenar -anunció él mientras se quitaba el delantal y llevaba los platos a la mesa. Natalia los observaba desde su silla, con las piernas cruzadas sobre la mesa y una sonrisa burlona en los labios. Parecía que su única contribución a la cena sería mantener viva la
conversación.
-¿El pinche Romeo no te está presionando para que regreses?
Irene colocó dos tazones humeantes de sopa sobre la mesa, negando suavemente con la
cabeza.
-Me dijo que vendría por mí, pero le dije que no hacía falta.
Un pensamiento inquietante la asaltó. ¿Y si Romeo había detectado su mentira? Pero no, se tranquilizó, si realmente sospechara algo, la llamada habría sido muy diferente.
-Mejor cenemos de una vez -David tomó asiento y comenzó a distribuir los cubiertos. Sus ojos se posaron en Irene con cierta preocupación-. Oye, sobre el concurso que te comenté… puedes participar como diseñadora independiente.
Irene había investigado las bases del concurso de Pilar en línea. Las grandes firmas de diseño tenían pase directo a la final nacional, mientras que los diseñadores independientes debían superar varias etapas eliminatorias.
-Tengo demasiado trabajo -respondió ella, removiendo distraídamente su sopa-. Y en mi tiempo libre visito a Daniel. No me queda energía para competencias.
-El primer lugar se lleva un millón de pesos, y la selección nacional termina en tres meses.
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David bajó la mirada, ocultando el dolor en sus ojos. Sabía que debía decírselo.
-Las primeras etapas son en línea. Será pesado, pero… creo que es una gran oportunidad para
- ti.
Había consultado los bocetos de Irene con otros diseñadores. Todos coincidían: tenía un talento excepcional.