Capítulo 105
La mandíbula de Romeo se tensó imperceptiblemente. Que Inés se hubiera instalado en la casa matrimonial había sido un error de cálculo, lo sabía perfectamente. Si eso se hacía público, la responsabilidad recaería enteramente sobre él. Pero, ¿realmente Irene se atrevía a usar esto como amenaza, como excusa para divorciarse? Una cosa era clara: por fin entendía las verdaderas intenciones de su esposa.
Sus nudillos se tornaron blancos mientras apretaba el celular. “Ella no tiene ningún derecho a abandonar este matrimonio“, pensó, mientras una sombra oscura cruzaba su mirada.
Sin mediar palabra, cortó la llamada con Inés.
Unos golpes suaves resonaron en la puerta de la oficina. Gabriel asomó la cabeza tras recibir autorización.
-Presidente Castro, necesito su firma en este documento.
Romeo revisó los papeles con gesto ausente mientras deslizaba la pluma sobre ellos.
-¿Qué sabes de la familia Llorente?
Gabriel se aclaró la garganta antes de responder.
-La reputación del señor Llorente está por los suelos. Sin su respaldo, la familia se está desmoronando, especialmente desde que el asunto de Daniel consumió toda su atención. Me temo que… no les queda mucho tiempo a flote.
César había descuidado sus negocios por salvar a su hijo, ofendiendo a personas influyentes que solo había conocido gracias a Romeo. Ahora que Daniel estaba libre, César intentaría retomar el control, pero el daño ya estaba hecho.
-El señor Llorente parece ser consciente de su situación. Ha estado insistiendo en verlo estos últimos días.
Una sonrisa irónica se dibujó en los labios de Romeo. “¿Qué son los Llorente sin mi?“, pensó mientras deslizaba el documento firmado hacia Gabriel.
-Lo recibiré.
-¿Cuándo?-Gabriel parpadeó, sorprendido.
Romeo arqueó una ceja, su expresión calculadora.
-Según como se den las cosas.
Gabriel no entendió la críptica respuesta, pero sabía que solo debía esperar instrucciones.
Sin auto propio, el trayecto desde Valle Aureo hasta Alquimia Visual se convirtió en una odisea de dos horas para Irene.
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Capitulo 1US
A las diez y media, descendió del taxi frente al imponente edificio corporativo. Había anticipado dificultades para ver a Romeo, pero sorprendentemente, la recepcionista la dejó subir sin más trámite. Lo que Irene no sabía era que, apenas cruzó el lobby, la recepcionista alertó á Gabriel, quien inmediatamente informó a Romeo. Este, a su vez, citó a César para que llegara en media hora.
La facilidad con que todo fluía despertó las alarmas internas de Irene mientras el elevador ascendía al último piso. Una sensación de inquietud se instaló en su estómago como un peso helado.
Presionó sus párpados con los dedos, intentando disipar la jaqueca incipiente mientras contemplaba la puerta de la presidencia. El malestar crecía con cada latido.
“Ya cumplí mi parte del trato“, se recordó a sí misma. “Esta vez… ¡tiene que firmar el divorcio!”
Ese pensamiento le dio el valor necesario para acercarse y golpear dos veces la puerta.
-Adelante.
La voz grave y profunda de Romeo atravesó la madera, provocándole un escalofrío involuntario. Irene inhaló profundamente antes de girar el picaporte.
El sol del mediodía inundaba la oficina, recortando la silueta de Romeo contra el ventanal. Su camisa blanca resaltaba su figura imponente, y el cabello ligeramente despeinado sobre su frente le daba un aire despreocupadamente atractivo que Irene conocía demasiado bien.
Al sentir su presencia, Romeo se giró parcialmente.
-La señora Núñez ya aceptó regresar. Hoy mismo se reincorpora.
Irene cerró la puerta tras de sí y avanzó, manteniéndose a una distancia prudente. Sus tacones resonaron sobre el piso de mármol.
-El trato era que firmarías el divorcio cuando ella volviera.
Romeo se giró por completo, su rostro en penumbras contra el resplandor del ventanal. El silencio y su mirada penetrante hicieron que el corazón de Irene se acelerara.
-Romeo… no estarás pensando en echarte para atrás, ¿verdad?
-Por supuesto que no se ajustó el puño de la camisa con estudiada lentitud-. Pero tengo otra reunión pendiente. ¿Te parece si hablamos del divorcio después?
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