Al Mal esposo 104

Al Mal esposo 104

Capítulo 104 

La simple mención del divorcio hizo que algo se quebrara en la expresión de Inés. Con un gesto estudiadamente casual, se acomodó el largo cabello negro y giró sobre sus talones hacia el salón, como si las palabras de Irene no la hubieran afectado en lo más mínimo

La luz matinal inundaba la estancia, dibujando sombras doradas sobre los muebles que Irene había elegido con tanto cuidado meses atrás. Inés se dejó caer con languidez sobre el diván, abrazando un cojín que Irene recordaba haber escogido personalmente

Cada rincón de esa villa estaba impregnado de recuerdos que ahora le provocaban una punzada en el pecho, pero se obligó a mantener la compostura

¿Por qué renunciar así, de la nada? ¿Querías que te rogara o solo querías restregarme en la cara que Romeo está de tu lado?” 

Algo no cuadraba. La renuncia de Inés al Grupo Alquimia Visual carecía de sentido. Irene no podía descifrar si esto era otra de las manipulaciones de Romeo para ponerla contra la pared, o si realmente era tan ciego como para no ver lo burda que resultaba esta actuación de Inés. Después de todo, sin el pretexto del trabajo, ¿cómo justificarían sus encuentros y viajes de 

negocios

Las palabras de Natalia resonaron en su mente. Según su investigación, la familia Castro había intentado enviar a Inés al extranjero justo cuando descubrieron que algo florecía entre ella y Romeo. El recuerdo le provocó una sonrisa amarga

Ninguna mujer acepta vivir eternamente entre las sombras, y menos alguien tan ambiciosa como Inés. Sus encuentros privados siempre estaban cargados de ironía y dobles sentidos que revelaban sus verdaderas aspiraciones

Inés la estudiaba con una mezcla de cautela y curiosidad

-¿De verdad estás dispuesta a divorciarte? 

La pregunta flotó en el aire como una amenaza velada. ¿Quién no conocía a Romeo Castro? Cualquier mujer que se casara con él, aunque fuera sin amor, con solo ostentar el título de Señora Castro tendría la vida resuelta

Inés había investigado a fondo a Irene, aquella mujer que orbitaba alrededor de Romeo como un satélite devoto. Pero esta Irene que tenía enfrente distaba mucho de la imagen que se 

había formado

-Con una condición: regresa a Alquimia Visual y retoma tu puesto como vicepresidenta. A cambio, firmaremos el divorcio

La contundencia de Irene dejó a Inés momentáneamente sin palabras. Después de un silencio tenso, recuperó su máscara de indiferencia

-Mira, me tiene sin cuidado si se divorcian o no, así que ahorrate tus manipulaciones

Intentaba proyectar calma, pero sus palabras le revelaron a Irene una verdad dolorosa: Inés 

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Capítulo 104 

había aceptado que jamás sería parte oficial de la familia Castro y estaba dispuesta a permanecer como la amante en las sombras. Ellos habían elegido ese camino, ¡pero ella se negaba a desperdiciar su vida en ese triángulo enfermizo

-No intento manipularte. Te estoy ofreciendo más tiempo con Romeo. Sin el puesto de vicepresidenta, lo verás la mitad de lo que lo ves ahora

La ironía era brutal. Ella, siendo la esposa, apenas veía a Romeo por las noches y en contados viajes de negocios. Como amante, Inés tenía aún menos oportunidades

-Qué considerada es usted, Señora Castro. Lástima que Romeo no la quiera el veneno goteaba de cada palabra de Inés-. Pero la consideración no basta, ¿verdad? Hace falta tener el calibre necesario para estar a su altura

Irene había anticipado la crueldad de Inés. Dos años podían parecer poco, pero cuando has invertido cada gramo de tu ser y cada latido de tu corazón, son una eternidad. El dolor era real, tangible, pero se negaba a darle a Inés la satisfacción de verlo

-¿Entonces qué decides? ¿Regresas o no? Si no, me voy y seguiré aguantando esta farsa con Romeo

Después de un silencio que pareció eterno, Inés se incorporó

-De acuerdo, volveré

-Hoy mismo -Irene palmeó suavemente su bolso, donde llevaba los papeles del divorcio. Planeaba ir directo a las oficinas de Alquimia Visual para que Romeo los firmara

-Estábien

Irene giró sobre sus talones y se marchó sin mirar atrás. A través del ventanal, Inés observó su figura alejarse con paso firme, mientras la duda se instalaba en su mente como un parásito

Los acontecimientos se desarrollaban según lo planeado: Irene y Romeo se divorciarían. Sin embargo, la reacción de Irene distaba mucho de lo que había anticipado. Esperaba gritos, lágrimas, un escándalo mayúsculo cuando descubriera la verdad sobre Romeo. Que el divorcio fuera la consecuencia natural del caos. Pero no: Irene había elegido el divorcio con una serenidad desconcertante, sin dramas ni recriminaciones

Mordiéndose el labio inferior hasta casi hacerlo sangrar, Inés contempló su reflejo en el ventanal durante largos minutos antes de sacar su celular

-Romeo, decidí no renunciar, ¿está bien

-¿Cómo?-la sorpresa en la voz de Romeo era genuina. ¿Cómo había logrado Irene convencer a Inés? ¿Acaso había reconocido su error al malinterpretar su relación y se había disculpado humildemente? Conociendo el carácter de Inés, un simple perdón no bastaría para hacerla cambiar de opinión

Inés titubeó, saboreando cada palabra antes de soltarla

-Tu esposa vino a buscarme. Me amenazó con hacer público nuestroasunto si no 

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regresaba. Romeo, vivir en tu casa matrimonial fue un error. Si tu esposa revela las pruebas de 

nuestra relación, ¡tu reputación quedará destruida

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